«A nosa vida agora é tentar recuperar os nosos cartos»

Los afectados afirman que no se irán del salón de plenos sin su dinero


Sanxenxo / La Voz

En el salón de plenos del Concello de Sanxenxo ya no hay políticos. Pero sí café y magdalenas. Unas barajas de cartas y hasta una televisión cuyo cable de la antena sale por la puerta principal para poder captar la señal. También colchones y mantas. Y agujas de calceta. Pero lo que hay sobre todo es indignación. Enfado y rabia, mucha rabia. Desesperación y desconfianza. Porque la vecina de toda la vida, convertida en directora de banco, se ha llevado todos los ahorros de las familias. Porque los políticos en vez de dar una solución dictan decretos que dejan a estos ahorradores sin su dinero. Y hay también pena y tristeza. Porque muy pocos de los afectados consiguen hablar de su caso sin que las lágrimas les lleguen a los ojos.

Manuel, un vecino de Vilalonga, está hoy un poco preocupado. Acaba de mantener una discusión dura con el director de su banco. Y teme haberse pasado. «Rouboume 20.00 euros e díxenlle que me deran os cartos dos seus bolsillo», se justifica. Él es una de las decenas de personas que, a diario desde el pasado tres de enero, pasan el tiempo en el salón de plenos del concello. Poco a poco, todos se animan a contar sus historias. Y dejan ver que su encierro no es solo físico. Es, sobre todo, psicológico. «A nosa vida agora é recuperar os nosos cartos», resume uno de ellos. Por turnos, pasan una media de diez horas en este pequeño salón. Lo hacen según sus posibilidades. Porque muchos tienen hijos o trabajos que atender. «Algúns estamos sen traballo. Sen traballo e sen cartos», añade otro.

Juegan a las cartas, calcetan o leen el periódico. Pero, sobre todo, hablan. De cómo se dejaron engañar. De cómo pensaban que estaban poniendo sus ahorros de toda una vida en un plazo fijo. De cómo, de pronto, alguien los llama inversores y les dice que fueron avariciosos por querer un alto rendimiento. Y a medida que hablan el tono de sus voces va subiendo. Y su nivel de indignación. Aparecen entonces las lágrimas. De impotencia, de rabia y de desesperación. Porque hace ya muchos meses que esperan una solución que no llega. Porque alguien les ha quitado «os cartos de traballar catorce e quince horas diarias» durante toda la vida. Usan palabras como «ladróns, mangantes». No les parecen suficientes. No solo les han quitado su dinero. «Estannos quitando tamén a saúde».

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