La semana de Rajoy en Sanxenxo

El presidente regresó ayer a Madrid tras su descanso navideño


Pontevedra / La Voz

Viernes, 4 de enero del 2013. Ocho de la mañana. Mariano Rajoy, seguramente después de desayunar con los periódicos que apuntan los últimos datos del paro, hace su ruta diaria por el paseo de Silgar. Hoy ha tenido que anticiparla, porque a las 10 tiene que estar en Pontevedra para la inauguración del Sexto Edificio del Museo y, luego, toca coche hasta Santiago para el homenaje al ex presidente de la Xunta, Gerardo Fernández Albor, a quien impuso la Gran Cruz de Isabel la Católica.

El popular demuestra ser un hombre de costumbres. La caminata por el paseo de Silgar, la primera vista que cada mañana disfruta desde su piso, es algo que no suele perdonar el presidente del Gobierno en su rutina vacacional en el lugar que parece sentirse más a gusto, Sanxenxo. La villa turística ha sido, por segundo año consecutivo, y como sucedía también cuando era jefe de la oposición, su refugio y centro de operaciones estas Navidades.

Hizo su primera escala los días de Nochebuena y Navidad -allí durmió tras cenar y comer respectivamente en Pontevedra- y, después del último Consejo de Ministros del año, el pasado viernes 28, regresó enseguida a Sanxenxo. Hasta ayer, en que tenía previsto viajar al mediodía a Madrid para acudir en esta jornada a la celebración de la Pascua Militar, presidida por los Reyes. Si la primera de las escapadas que hizo a su tierra fue quizás más corta y familiar, en esta segunda de Fin de Año y Reyes se supone que el presidente tuvo algo más de tiempo para dedicarle a sus amigos, con los que pudo compartir alguna cena o comida en Pontevedra, aunque de forma no visible, probablemente en su casa, o en la de sus más íntimos.

Desapercibido y visible

Y si en la capital su presencia pasó más desapercibida -solo se dejó ver el día 31 en una cafetería junto a su padre, su hermano y su hijo mayor-, en Sanxenxo parece más bien lo contrario.

El Náutico es uno de sus puntos fijos. En la Taberna comió Rajoy el domingo 30, y sus hijos han estado a lo largo de la semana recibiendo clases de vela en el club. Otra de sus paradas fue la Cervecería El Aviador, de la que suele ser asiduo siempre que visita la villa y, precedido de su fama de buen fumador de puros, tampoco dejó de pasar por su estanco habitual.

El pasado jueves faltó a su paseo diario -su salida fue a la hora de comer en coche y desde el vigilado garaje- y alguien pudo pensar que quería eludir la protesta que ese día iniciaron los afectados por las preferentes, pero en la tarde del viernes no tuvo reparos en invitar a tres de los encerrados en el Concello a exponer su situación en una céntrica cafetería de Silgar.

Quienes se lo cruzaron advierten que cada vez está «más delgado» y que su paso es difícil de seguir. «Va lanzado», comenta un vecino. El presidente del Gobierno tampoco tuvo inconveniente en dejarse fotografiar con algunos transeúntes. En definitiva, una semana tranquila para empezar el año...

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