Haz tu barrio más accesible

Escolares del Salvador Moreno examinan las barreras arquitectónicas en el entorno del centro


Los alumnos de quinto y sexto de Primaria del Colegio Salvador Moreno saben que Pontevedra es un modelo de accesibilidad universal que ha recibido ya varios premios nacionales por su calidad urbanística y su diseño integrador en favor de las personas con problemas de movilidad. Pero también saben, que aún queda mucho por hacer en la eliminación de barreras arquitectónicas. Estos niños de 10, 11 y 12 años participan en el concurso escolar de la ONCE Haz tu barrio accesible y ayer, acompañados por su profesora Celeste Garrido, hicieron un recorrido por su entorno más próximo para dar buena cuenta de las deficiencias que persisten, en comparación con otras mejoras ya realizadas en esta parte de Mollavao.

Los escolares se pusieron en el lugar de otras personas que tienen problemas para ver, para escuchar o para caminar y, ojo avizor, tomaron nota de todo aquello que consideran que puede suponer una barrera o dificultad para esas personas con discapacidad. En su recorrido por Manuel del Palacio, Rosalía de Castro, Simón Bolívar y la avenida de Marín detectaron tapas de alcantarilla hundidas o rotas, agujeros, baches, escalones, desniveles, vallas deterioradas, solares abandonados y con maleza invadiendo las aceras, bordillos sin rebajar en pasos de peatones... No se les escapó ni una y hasta se atrevieron a aportar propuestas y sugerencias.

Jacobo tiene una pequeña lesión temporal en un pie por una caída e hizo el recorrido con muletas, así que le resultó algo más fácil ponerse en el papel de las personas con problemas de movilidad. «Por estos agujeros se te puede meter el bastón y te caes», advirtió. Para Yanira, «estas papeleras de pared debían llegar hasta el suelo para que un ciego las palpe mejor y no tropiece con ellas». «Aquí, aquí, mira este paso de peatones, tiene bordillo y la acera no cambia de dibujo para que la noten al pisar los que no ven», replicaron Nina y Blanca. Alba se fijó en los mupis de publicidad, que le parecen un obstáculo. Y Noelia y Ana recalcaron que las plazas de aparcamiento para discapacitados «no se respetan». Al pasar bajo el puente de la autopista, frente a la casa del mar todos se quejaron del mal estado del terreno que rodea el parque infantil de seguridad vial. Y al llegar a Orillamar compararon lo bien está el paseo marítimo con lo mal que está la otra margen de la avenida de Marín, por delante de Pazó.

A la hora de hacer propuesta, Marta planteó la posibilidad de hacer mapas de la ciudad en braille para los ciegos. Y Elena apuntó que en Pontevedra «hay un montón de parques infantiles con aparatos de juego, peor no hay ninguno que puedan usar los niños discapacitados». Todas las barreras y dificultades de accesibilidad que han detectado las reflejarán con fotos y dibujos en carteles, así como el modo en que ellos las resolverían.

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