Hacinados en una caseta


VIGO |

El parque de Castrelos es el principal escenario de entrenamiento de los fondistas. Tanto federados consolidados como populares anónimos. Cada tarde, cuando cae el día, cuatro farolas iluminan el recorrido de entrenamiento y un par de pequeñas casetas, con un tejado y una pared caldo de los grafitis, se convierten en el improvisado vestuario. Los atletas, que se conforman con casi nada, han pedido dos o tres más, pero según el Concello de Vigo afearían la zona, aunque no demasiado lejos haya letrinas de plástico -unos metros antes que unos baños públicos- y un puesto de helados del mismo material. Lo de ducharse ya es un lujo. Tres días a la semana se abren las dependencias que están justo debajo del palco del parque, pero los días restantes hay que irse mojado y sudoroso para casa.

Castrelos es el escenario habitual de entrenamientos de las atletas del Comesaña. Realidades como Marta Fernández, internacionales con futuro como Sandra Mosquera o ex olímpicas como Estela Estévez, el grupo de entrenamiento que coordina Oliva Román en definitiva, se reúnen allí cada tarde. Pero también lo hacen un número considerable de atletas populares y veteranos, e incluso gente que practica deporte por placer.

Ninguno de ellos pide un vestuario con yacuzzi, ni siquiera un recinto cerrado en donde desguarnecerse del frío, dejar sus mochilas y colocar la ropa limpia. Eso suena para el atletismo a lujo asiático. Simplemente piden dos o tres casetas más para poder dar abasto a tanta demanda. Entre las seis y las nueve de la tarde cada día son más los que buscan un lugar para dejar su mochila y poder cambiarse tras la sudada y la mojadura correspondiente. «Me pedimos nada especial, con alguna caseta más ya nos conformamos. Estaría bien contar con un espacio cerrado, pero ni de lejos aspiramos a eso», comenta Oliva Román, que el domingo pasado recibió la última negativa. Los gamberros se cargaron dos galpones pero no serán repuestas. Según el consistorio afean la zona. El año pasado estuvo allí una buena temporada un parque de atracciones pero no pasó nada.

Tampoco estaría demás poder ducharse todos los días al acabar de entrenar. Tres veces a la semana abren los bajos del palco de la música del parque, pero por razones presupuestarías los otros días permanecen cerradas, lo que ocasiona que las mayoría de los atletas tengan que esperar a llegar a casa para poder ducharse.

En cuanto a la visibilidad, ya ni protestan. Han tenido que acortar la zona de entrenamiento porque en determinados lugares la luz de las farolas no es suficiente, lo que podría provocar torceduras, por eso circunscriben sus entrenamientos a las inmediaciones de la caseta en donde más potente es la luz. Y ahora por lo menos han cambiado el reloj del sistema que activa la iluminación. Cuando comenzó a hacerse de noche a las seis de la tarde, la primera hora tenían que entrenar en penumbra. Nimiedades impensables para otro deporte.

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