«En cada momento se han hecho las mejores fiestas que se podían hacer»

El responsable municipal de la logística de las actividades culturales repasa las anécdotas más curiosas de su trabajo


Detrás de cada concierto, de cada procesión, en definitiva, de cualquier acto de las fiestas de la Peregrina están muchas horas de trabajo de un equipo que, como dice su responsable, José Luis Sarandeses, además de no ser muy numeroso, probablemente en esta semana grande «no duerme más de cinco horas al día». En su propio caso, este funcionario del Concello asegura que solo descansa a partir del día siguiente de la Feira Franca, porque los festejos, más que diversión «son una enorme responsabilidad».

Sarandeses lleva casi 25 años ocupándose de plasmar la programación cultural anual que organiza el Concello. Comenzó colaborando con la comisión de fiestas que en la etapa de Rivas Fontán coordinaba el concejal de Cultura Manuel Rodríguez Pousada. Y desde entonces, ha trabajado con otros tres alcaldes, Javier Cobián, Juan Luis Pedrosa y Miguel Lores, y con los ediles José Manuel Brea, Blanca Rodríguez, José María Picallo, Luis Bará, María Xesús Escudeiro, Lola Dopico y Anxos Riveiro. «De todos guardo un magnífico recuerdo -dice-. Porque las fiestas tienen una parte muy agradable, pero hay muchos momentos amargos, y eso une».

Como es lógico, desde que empezó, la organización de las fiestas y, especialmente, de los conciertos de la semana grande, ha experimentado un cambio espectacular. Y él no tiene duda sobre dónde está el punto de inflexión. En el año 93 con el recital de mayor prestigio que se ha celebrado en Pontevedra, el de Depeche Mode. «Fue de los primeros conciertos que tuvimos en Pasarón, el primero internacional -recuerda Sarandeses-. Y fue complejo. De repente, nos llegaron 300 ingleses durante una semana para el montaje del escenario y hubo que organizar la logística para darles de desayunar, comer y cenar durante esos días. Se montaron unas cocinas y un comedor en el estadio, y el Ejército nos prestó sus tiendas de campaña. Imagina, venían de estar el día antes en el Parque de los Príncipes de París... Pero había que ingeniárselas. Ahora el sector es más profesional, pero antes no encontrabas quién montase una carpa para esa infraestructura».

También fue la primera vez en que Sarandeses oyó palabras como runner (quien tiene que estar permanentemente a disposición del artista), que ahora forman parte de su vocabulario cuando ha de tratar con las productoras. Él ha podido conocer a todos los músicos y cantantes que han actuado en las fiestas, y subraya que, cuanto más consagrado, «más sencillo» es el artista. Si tiene que dar nombres le vienen a la mente el de Carlinhos Brown, «que fue una persona muy próxima» o el de Joe Cocker, «que tenía mucha personalidad, estaba chequeando todo con mucha anterioridad». Otra cosa es el staff que rodea a las estrellas, que es siempre el que plantea más complicaciones.

Asegura que nunca ha podido ver un concierto entero en Pontevedra -le gustaría que alguna vez fuera el primero el de Bruce Springsteen-, y que los peores momentos los pasó en los recitales de Mecano en Pasarón y de Sabina y Serrat en la plaza de toros. «En el primero metimos a 30.000 personas en Pasarón y nos desbordó, lo pasamos muy mal porque antes no había esa cultura de ir a los conciertos con antelación y eran 30.00 personas que querían entrar casi al mismo tiempo por la puerta -indica-. Y el Serrat y Sabina fue una mala suerte porque hubo un error en el cálculo del aforo».

Otro momento muy difícil fue el del asesinato del edil vasco Miguel Ángel Blanco el 12 de julio de 1997. Ese día estaba programado el concierto de Ella Baila Sola, «y el alcalde me pidió que chequease lo que se estaba haciendo en otros ayuntamientos». «Vimos que se estaban suspendiendo conciertos y se tomó la decisión por parte de la junta de portavoces -señala-. Las artistas quisieron cobrar, como estipulaba el contrato, y se tuvo que abonar, efectivamente».

Hasta ahora, los artistas tampoco le han pedido caprichos imposibles... Aunque sí llamativos, como las 300 toallas que pidieron Víctor Manuel y Ana Belén allá por el 86, las tres limusinas blancas que solicitaron los Depeche Mode, que hubo que traer de Portugal, además de 16 futbolines, o el caviar iraquí que pidió Georges Moustaki, sustituido por un sucedáneo. Y actuar, «actuó». Julio Iglesias reclamó una planchadora a su servicio y avellanas verdes con cáscara que se trajeron de Asturias. «Pero luego, en la comida, fue muy sencillo, comió huevos fritos con patatas», afirma. Quien lo puso difícil fue también el corpulento Solomon Burke, que pedía «un trono» para el escenario. In extremis consiguieron un sofá en el restaurante del Náutico suficientemente alto y ancho para el cantante. Para que se hagan una idea, también hubo que habilitar una sala de juegos como habitación en el Talaso de Baiona, la única estancia de un hotel de la provincia por la que podía pasar Burke por la puerta.

Las celebraciones favoritas de Sarandeses son, a pesar de todo, la Peregrina y la Feira Franca. Y asegura que «cada fiesta es hija de su tiempo, y yo creo que en cada momento se han hecho las mejores fiestas y programación que se podían hacer».

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