La venta forzosa no pasó de la amenaza

PONTEVEDRA

En 1999 el Ayuntamiento de Pontevedra apercibió a los propietarios de la posibilidad de subastar el suelo urbano no construido para evitar la especulación

07 jun 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

El parón del sector de la construcción en Pontevedra se tradujo en el último año en una caída del 45,2% de las licencias otorgadas por el Ayuntamiento. Según datos del propio servicio municipal de Urbanismo en el 2008 solo se autorizaron 451 viviendas frente a las 1.196 del 2007. En la ciudad y su periferia queda todavía mucho suelo por edificar en nuevos polígonos residenciales, en gran parte ralentizados por la crisis y también por los efectos del Decreto do Hábitat. Lo que apenas quedan son solares de licencia directa y, dada la difícil situación del mercado no hay visos de la reaparición de la piqueta para demoler viejos inmuebles no protegidos y sustituirlos por otros nuevos. Antes de que la recesión se empezara a notar de forma más o menos contundente -a mediados del 2007- la edificación se había activado en esos escasos solares de licencia directa muy codiciados por un entonces boyante sector inmobiliario. Algo tuvo que ver en aquella activación el registro de solares, un instrumento urbanístico utilizado por el Concello en 1999 y con el que volvió a amagar en el 2002 para obligar a los propietarios de los mismos a edificar en un plazo razonable, bajo amenaza de disponer su venta forzosa en subasta pública, aplicando una legislación vigente desde los años sesenta. Está fórmula ensayada por el BNG al principio de su primer mandato municipal dio buenos resultados, como reconoció en más de una ocasión el ex concejal de Urbanismo, César Mosquera. La mera advertencia de la venta forzosa, sin llegar a aplicar esta medida coactiva, propició entonces el desarrollo de algunos de los terrenos más céntricos que permanecían inactivos, como es el caso de la esquina de Cobián Roffignac con la rúa do Rouco (frente a San Francisco), el de la calle Castelao pegado al Hotel Rías Bajas o el de la plaza de Barcelos, al lado del muro de Santa Clara, entre otros. Completar ciudad El objetivo del Concello con aquella amenaza de subastar los solares no construidos en un plazo determinado era completar ciudad, tapar medianeras de manzanas inacabadas y evitar el abandono de casas y fincas sin desarrollar por mero interés especulativo de los propietarios, así como liberar terrenos edificables para evitar que se disparase todavía más de lo que lo que subió el precio del suelo y de la vivienda. Sin embargo, aunque pocos, aún queda algún solar céntrico por edificar debido a complejas circunstancias y motivos diversos. Uno de los más emblemáticos, con uso comercial activo, es del del Gran Garaje, en plena calle Benito Corbal, que pasa por ser en este momento una de las más caras de Pontevedra. En la esquina de Arzobispo Malvar con la avenida del Uruguay hay otro solar abandonado desde hace años que daña considerablemente la imagen de la ciudad. Esta situación, en todo caso, se espera que dure poco porque el Colegio de Arquitectos ha puesto sus ojos en ese terreno para construir su nueva sede. La Delegación de Pontevedra del COAG aprobó la adquisición de la parcela hace ahora un año y salvo imprevistos que no han trascendido la operación debería salir adelante. Centro histórico En el caso viejo, la recuperación de calles y plazas sirvió de impulso a las rehabilitaciones de viviendas y locales comerciales. El Peprica (Plan Especial de Protección Integral del Casco Antiguo) también contempla los mecanismos de expropiación y venta forzosa para obligar a los propietarios a restaurar los edificios ruinosos, pero como en el caso anterior del registro de solares urbanos tampoco fue necesario utilizarlos. El objetivo del Concello, ahora con la concejala socialistas, Teresa Casal, al frente del área de Urbanismo y Centro Histórico, sigue siendo favorecer un uso residencial en el recinto monumental compatible con la actividad comercial y de ocio. Y con ese fin la zona antigua aspira ahora a ser Área de Rehabilitación de Conjunto Histórico (ARCH) para que los propietarios de los inmuebles puedan acceder a subvenciones del Estado, de la Xunta y del propio Ayuntamiento de Pontevedra.