Un gigante verde con pies de barro

La Axencia de Investigación e Información Ambiental nació como un importante proyecto que en el 2009 habría absorbido 25 millones de euros


Axencia de Investigación e Información Ambiental de Galicia. Fue bautizada así hace cuatro años. Y en este debería estar en pleno funcionamiento, veinticinco millones de inversión mediante. Pero su materialización ha sido tan escasa que ni siquiera se encuentran referencias en Internet sobre la agencia que iba a revolucionar la investigación ambiental en Galicia. Porque el macroproyecto iba más allá del ladrillo. Era una apuesta tecnológica

El Centro de Investigación e Información Ambiental de Galicia se presentó como heredero de iniciativas que ya en marcha y entre las que se trataba de tender puentes. Todo el trabajo pivotaba sobre cinco puntos clave.

La Unidade de Observación Ambiental estaba llamada a integrar la observación meteorológica que en la actualidad ofrece MeteoGalicia (ya lo hacía entonces), la red de observatorios de la calidad del aire y la de seguimiento de los ecosistemas terrestres. El valor añadido pasaba por centralizar todos los recursos en una única agencia, que permitirá hacer un tratamiento transversal de los dados y ponerlos en relación con los recabados por las otras unidades.

La especialización de los profesionales iba a ser tal que, cuando se presentó, la propia Xunta aseguraba que no estaban ni formados.

Ecosistemas terrestres

Otro pivote fundamental del proyecto era la Unidade de Investigación Ambiental. Asentado sobre el trabajo del Centro de Investigacións Forestais e Ambientais de Galicia de Lourizán, se perfilaba un plan estratégico para establecer las líneas de investigación. Se trataba de analizar todo lo referente a los ecosistemas terrestres gallegos, la biología de las aguas continentales y la gestión sostenible de la riqueza forestal de la comunidad, para lo que se contaría con la colaboración de la Consellería de Medio Rural.

Por otra parte, La Unidade de Información Ambiental, donde todos los recursos que se lograsen compilar estarían a disposición de los ciudadanos a través de Internet. La intención era lograr una base de datos accesible que permitiese consultar, al alcance de un clic sobre el mapa, toda la información sobre una localidad, desde sus condiciones meteorológicas en tiempo real hasta el planteamiento urbanístico.

La Oficina Galega do Cambio Climático estaba llamada a ser la unidad que realizaría inventarios sobre la emisión a la atmósfera de gases con efecto invernadero y aplicaría un plan gallego que establecerá actuaciones concretas para mitigarlos y adaptarse a sus consecuencias en el medio natural.

El Centro de Investigación e Información Ambiental de Galicia trabajaría en colaboración con organismos públicos de investigación dependientes de la Xunta. Pero además buscaría sinergias con las tres Universidades gallegas. A través de los departamentos de investigación y desarrollo de las empresas también se buscará la implicación del sector privado de la comunidad autónoma.

Demasiado etéreo

La inversión total anunciada era de 25 millones de euros. Pero ante el temor de que sucediese lo que, al parecer, ha pasado; que un proyecto demasiado etéreo acabase por no tener materialización ante los ciudadanos, se anunció una partida presupuestaria específica para rehabilitar el Pazo de Lourizán, cuyas paredes rezuman historia

Las primeras piedras de la edificación se comenzaron a poner en el siglo XV. La estructura actual apenas conserva de sus orígenes un palomar almenado y tal y como se conocen hoy en día la planta, obra del arquitecto Genaro de la Fuente, y los jardines es como fueron diseñados durante la época en la que lo ocupó el político Eugenio Montero Ríos, quien destinó el pazo a residencia veraniega.

Pero el enclave no fue solo un lugar de descanso y diversión. En el siglo XIX se tomaron allí, bajo algunos de los ejemplares botánicos más valiosos de Galicia, algunas decisiones de gran trascendencia para la política de la época. A la propiedad del que fue ministro de Gracia y Justicia por dos veces, de Fomento e impulsor de importantes reformas en las instituciones también se le deben la configuración actual del jardín, crucial en el desarrollo del Centro de Investigacións Forestais que se ha asentado en la finca de Lourizán.

Hasta el 2020

Las bases para ese centro se sentaron en los años cuarenta. En 1943, la Diputación de Pontevedra adquirió el edificio y toda su parcela. Gracias a un convenio con el Ministerio de Educación se convirtió en el Centro Regional de Enseñanzas, Investigaciones y Experiencias Forestales, y después, en Escuela Superior Técnica de Ingenieros de Montes.

Desde entonces, el edificio se ha ido deteriorando de una forma notable. La Diputación de Pontevedra cedió el inmueble hasta el 2020 a la Xunta de Galicia para que gestionase los fondos necesarios para su recuperación. Había 25 millones de euros sobre la mesa, pero el pazo sigue en estado ruinoso.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
1 votos

Un gigante verde con pies de barro