Espejismos y otras épocas

La Voz

PONTEVEDRA

FOTOS: CAPOTILLO

Praza da Ferrería

07 abr 2007 . Actualizado a las 07:00 h.

Los 21 grados de máxima que alcanzaron ayer los termómetros de Pontevedra contribuyeron sin duda al llenazo, casi como en plena canícula, de las playas de la ría. Fundamentalmente Silgar, Áreas, A Lanzada y su entorno y los arenales de las costas de Bueu y de Marín. La soleada jornada con la que Lorenzo nos está obsequiando en esta Semana Santa hizo que salieran valientes hasta debajo de las piedras. Muchos bañistas ejercieron como tales y no dudaron en darse un chapuzón en unas aguas digamos que fresquitas por el viento del Norte. Los más asentados en Sanxenxo, en donde, por cierto, no se ha dejado caer ningún famosillo -habrán ido al sur o a las islas a chupar agua-, no dejan de hablar del fin de una época. Esa en la que los más glamurosos, después de cenar en Rotilio, en Román o en cualquier otro de los buenos restaurantes de la localidad, tomaban una copa en La Luna. No Catalina, no, sino en ese céntrico local inevitable de las noches de verano. Después vendría Edra, que el año pasado desapareció de la faz de la tierra para dar cabida a un edificio más de los que ya pueblan la fachada marítima de la playa más turística del litoral gallego. Parece que La Luna tampoco continuará donde está. Acaba una época y se asienta otra: la de las noches en el puerto deportivo. Parece que los turistas de olfato, esos que saben bien que el sol se pone por occidente, no quieren saber nada de Pontevedra la nuit, que esta Semana Santa ha vivido una de sus épocas más flojillas en su hostelería. Por el contrario, la gente se debió guardar para las procesiones, una tradición que, tras haber vivido una estapa de vacas flacas, empieza a consolidarse de nuevo. Las calles de Pontevedra estaban atestadas para ver los pasos de las cofradías que salieron el Jueves y el Viernes Santo. Los concejales populares José Covelo, Arturo Pichel, Beatriz Piñeiro o Blanca García Señoráns tampoco se las perdieron.