PLAZA PÚBLICA
15 abr 2003 . Actualizado a las 07:00 h.AHORA que la guerra de Irak toca a su fin -aunque la amenaza planeaba sobre el estrellado cielo sirio desde antes de que estallara en Bagdad- , los constructores pontevedreses han detonado una bomba, adosada hace tiempo a la patronal del sector gallego. El presidente de APEC, Ángel Fernández Presas, tardó poco en abrir la boca -en el contencioso que tuvo cuando era tesorero de la Cámara la mantuvo sellada como un sarcófago egipcio-. Pero ayer explicó que los motivos que le llevaron a desmarcar a su asociación de la federación que él mismo estuvo a punto de presidir, si no llega a ser por la versión que circuló de que, como César, fue apuñalado por uno de los suyos, tienen que ver, entre otros motivos, con un supuesto tráfico de influencias en el reparto de la tarta del Prestige. En toda guerra, afloran oscuros intereses y olé por su denuncia. Un segundo cisma amenaza con hacer saltar los resortes de otra federación, Castelao. La belicosidad no parece sólo cosa de Bush.