?s duro ser ministro, pero parece que más duro es ser invitado de ministro. Me explico: ayer, el titular de Defensa había quedado a las diez y media para desayunar con representantes de la Cámara de Comercio. Llegó a las doce y cuarto. El retraso -causado al parecer por problemas del avión que le traía de Madrid para aterrizar en Peinador- motivó que todas sus citas en Pontevedra fueran acumulando minutos y minutos de tardanza: la junta local del PP, un acto castrense en la Brilat, una comida con María Ramallo, Pilar Rojo y otros cargos del PP provincial en Aguete, la visita al puerto para firmar en su libro de honor...Además, el retraso obligó a cambiar los planes sobre la marcha. A los integrantes de la junta local del PP se les había convocado a mediodía en la sede provincial del partido, y poco antes de las doce fueron entrando en la sede todos los citados. Alguno, como el diputado José Rivas Fontán, sin ocultar que, «como no vengo mucho» , no tenía muy claro qué timbre pulsar para que le abrieran la puerta. Como quiera que el ministro llegaba tarde a su cita empresarial en el Parador, a los cargos del PP se les avisó de que cambiaba el escenario y que Trillo se reuniría con ellos en la Casa del Barón. Muchos fueron paseando desde Reina Victoria hasta el Parador, pero hubo incluso quien sugirió hacer el trayecto en coche.Tal vez fueron las prisas de la jornada las que hicieron que Trillo adjudicara, por dos veces, la isla de Tambo a Marín, cuando pertenece a Poio. Está claro que es duro ser ministro.