Es el momento de apoyar lo nuestro

Querida hostelería, que no se baje el fuego en las cocinas ni se apaguen las cafeteras, toca pedir a domicilio y así se hará

Estaba volviendo con Amil de hacer un reportaje en Xunqueira de Ambía cuando nos enteramos. Viajar con Santi es intrigante porque para él siempre hay algo que está mal. De camino para allá fuimos detrás de un camión de la basura del que se escapaban los desperdicios. Su cabreo fue monumental. Las ventajas que tiene trabajar con Santi son tres. Lo malo le dura poco. Suele sacar una conclusión de casi todo. Y lleva puesta la mejor música clásica en el coche. Es un rosmón. Pero hace fotos increíbles y se molesta en enseñarme a mejorar en lo que él considera que fallo. Somos totalmente distintos, tanto que a veces pienso que nos encontramos en el otro extremo de las cosas. ¿Te ha pasado alguna vez? Santi es una especie en extinción. De los que gritan: ¡Merda, non quero facelo! Y luego lo hace mejor que nadie. El caso es que estábamos de camino hacia a Ourense cuando pudimos seguir la rueda de prensa de Feijoo y supimos que desde este viernes la hostelería de esta ciudad -y de otros nueve concellos más de la provincia- tiene obligación de cerrar. Sentí muchísima pena. Ni soy hostelera, ni soy propietaria, ni soy camarera, ni soy chef. Toda la vida he valorado con especial cariño a este sector por lo que ya he escrito en otros diarios, siempre están presentes en los mejores momentos. Y sin embargo este último mes -estos últimos 29 días- se han convertido en la compañía que me faltaba. Dar los buenos días cada mañana a Sandra y Martina, del Sil; comentar con Marina y Ana cómo nos va el día cuando corro al Cabanillas para coger un café y un pincho y no quedarme sin comer; o bromear con todos mis chicos de A Palleira -Carlos, Martin, Anxo y Garci, ¡ay García!- cada vez que toca pedir comida para llevar. Las personas que hay detrás de la barra o dentro de la cocina al final acaban formando parte de tu vida, además de todo lo bueno que consiguen con su trabajo, por supuesto. Así que no, no trabajo en nada relacionado con este sector, pero a estas alturas puedo afirmar que tengo varios amigos que sí lo hacen.

Feijoo todavía estaba dando la rueda de prensa cuando entré en el bar a por «lo de siempre». Sabían lo que estaba pasando y sin embargo la sonrisa de mis dos camareras favoritas se mantuvo inamovible. Porque el trabajo hay que hacerlo bien y ellas lo hacen extraordinario. La preocupación se les caía encima y se les notaba en los ojos, pero sin querer. Les prometí que seguiría yendo a por mis cositas para llevar y me fui. Voy a cumplirlo. Como tampoco soy científica sigo aplicando la norma que me he impuesto de acatar las decisiones de los que sí lo son. Al fin y al cabo el objetivo es común a todos: impedir la propagación de un virus letal para muchas personas. Pero mejor si en el camino no nos dejamos a unos miles de ourensanos temblando de hambre. El cierre definitivo de locales aumenta cada día en Ourense. Y no solo de hostelería. La historia es extensible también al frutero o a la florista con los que hablamos cada semana. Es momento de pedir a domicilio, de tomar café para llevar, de invertir en el pequeño comercio. Es momento de pensar en los demás, de convertir lo local en un compromiso propio y a partir de ahí, apoyar lo que es nuestro para que no desaparezca.

Plan de cine

María Doallo

Sin ser yo nada de eso, os propongo unas cuántas opciones de audiovisual para todo tipo de público

Este fin de semana falleció Sean Connery. Para mí no es James Bond, es Mark. El entregado, impecable y sospechoso marido de Marnie, la ladrona. Sin idolatrar a Hitchcock, afirmo que su cine me mueve. Siempre me ha movido, de hecho. Y a pesar de que sus técnicas me parezcan exhaustivas y exageradas, conseguía influenciar a sus actores hasta el punto de convertirlos en exactamente lo que buscaba. Y lo que buscaba era fantástico, la verdad. ¿El fin justifica los medios? Todavía no tengo clara la respuesta. El caso es que si Tippi Hedren está superlativa en esta cinta, Connery le da incluso una vuelta más. Ese aire misterioso y esa férrea convicción que te hacen pensar a lo largo de toda la película en una posible venganza, pero el trasfondo es mil veces mayor. El amor de un hombre bueno. Qué ridículo suena eso hoy en día ¿no? El film es brillante, de verdad. Entretenido, llenito de suspense y con alto contenido de crítica moral. Esta noche lo volveremos a ver en casa, porque qué mejor plan para un cierre de la ciudad que cine, cine o cine. También se puede ir allí y de hecho no vendría nada mal.

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