«¡Marina! Bótate para alá que hai que manter a distancia de seguridade»

En Paradela de Abeleda respetan la norma hasta en la marquesina


redacción / la voz

Solo aquellos que no hayan desplegado su mirada de cazador en alguna de las parroquias que salpican la geografía galaica reducirán el uso de las marquesina a la aburrida espera de un autobús. Pero para el resto, estas construcciones son los nuevos lavaderos comunitarios; centros sociales que, a falta de árboles con banco bajo sus ramas, se han convertido en el punto de reunión de los más mayores del pueblo. Nerea Marra es una de esas personas que parecen tener mirada de cazador. Aunque vive en Xinzo de Limia, cada día pasea con su perro en el pueblo de sus abuelos, Paradela de Abeleda, en el concello de Porqueira. Este verano abrió una página en Facebook para rescatar la memoria de los cuarenta habitantes que todavía quedan en la aldea.

Recopila fotos antiguas. Bodas en los tempranos ochenta, jornadas de malla en una de las primeras fotos a color en Aira da Pedra, niños vestidos de domingo en la fiesta de Abeleda, en honor a la Virxe da Saúde... «Sempre quixen escribir do meu pobo e este agosto vin a oportunidade», dice.

Con cada instantánea recompone la memoria del pueblo, su pueblo, y construye su historia, un relato en el que ahora también se ha colado un nuevo modo de relacionarse debido a las medidas preventivas que ha traído bajo el brazo el coronavirus covid-19.

Y por eso en esa construcción continua introduce escenas como la protagonizada por las hermanas Carmen, Josefina y Marina y su vecina Flores. A ellas las «cazó» el sábado. Las tres primeras estaban apoyadas en las varas que usan para ir más rápido cuando pasean. Descansaban repartidas entre la marquesina y un banco colocado en el lateral. Puede que fuera colocado a posta para tener más espacio ahora que rozarse es, no menos, que un pequeño pecado mortal. Como cuando antaño al bailar «o agarrao» en las verbenas había que mantener unos centímetros entre pecho y pecho.

En el momento en el que Nerea pasaba también llegaba Marina que quiso formar parte del cuadro sumándose a la tertulia. Pero antes de que tomara asiento una de sus hermanas le dejó las cosas claras: «¡Marina! Bótate para alá que hai que manter a distancia de seguridade», le advirtió una de sus hermanas. Porque aunque están en un pueblo en el interior de la provincia de Ourense, un lugar remoto desde la óptica del que vive en alguna de las ciudades del Eje atlántico, son conscientes de que las normas hay que respetarlas. Son para todos.

Eso las mantiene a salvo. Entonces Nerea vio la foto. Disparó la cámara de su móvil para dejar constancia de que ahí, en Paradela de Abeleda, respetan las distancias de seguridad mejor que en las ciudades. No les impide charlar, aunque sea a distancia.

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