«Muchos mayores de A Limia están muy solos y hay que acompañarles»

Manuela Dorado lleva una década impulsando iniciativas de voluntariado para ancianos

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XINZO / LA VOZ

Todo comenzó hace casi una década. Manuela Dorado Domínguez, de 64 años, natural de Verea, pero residente hace tiempo en Xinzo, se prejubiló. A partir de ahí, su vida cambió y decidió iniciar una andadura como voluntaria social que le ocupa varias horas diarias. «Tenía una gran cantidad de tiempo libre y decidí que debía hacer algo provechoso con esas horas. Me puse en contacto con el responsable del centro sociocomunitario de Xinzo y empecé a colaborar en iniciativas para ayudar, acompañar y formar a quien lo necesite, sobre todo personas mayores», cuenta.

La iniciativa de Dorado se fue concretando en la apertura en el centro sociocomunitario de un local con diez ordenadores para que los ancianos de la comarca se habitúen y usen las nuevas tecnologías. «Vienen personas de entre 50 años hasta octogenarios. Les sirve de mucho tomar contacto con el mundo informático. Aprender nociones básicas de cómo usarlo. También les orientamos sobre teléfonos móviles y redes sociales. Curiosamente, con los celulares les cuesta más que con el ordenador», señala.

Otra de las propuestas fue la creación de un club de lectura en el centro de la calle río Támega, a orillas del Limia. «Prestamos libros, los leemos en casa y luego aquí montamos conversaciones o debates sobre los textos. A los mayores les gusta mucho esta iniciativa», resalta la voluntaria.

Sus años de colaboración desinteresada con las personas de la tercera edad han servido a Manuela Dorado para tener una perspectiva un tanto pesimista sobre la ancianidad y sus problemas diarios. «Por desgracia la gente no presta ayuda ni atención a los ancianos. Muchos de ellos están muy solos y hay que acompañarles. Cuando vamos a sus casas a hacerles compañía un rato lo agradecen muchísimo. Si un día no puedes ir junto a ellos, ya te están preguntando por qué no has ido allí. La verdad es que soy muy feliz cuando siento que estoy ayudando a otras personas», asegura.

Asegura que muchos están incluso desatendidos. «Lo triste es que en muchos casos, son los propios hijos o sus familiares los que se despreocupan de ellos», comenta Dorado. Y añade: «En ocasiones es porque están fuera, en otras zonas de España o de Europa, en la emigración; pero también sucede que hay ancianos dejados a su suerte con familia que vive aquí, en A Limia», denuncia. Las visitas a domicilio también se complementan con las realizadas por Manuela y otros voluntarios a la residencia de ancianos de la Fundación San Rosendo . «Agradecen muchísimo que charles con ellos, que les atiendas y les escuches, aunque solo sea un rato», relata.

Cercanía en el trato

Ese cierto pesimismo de la voluntaria se ve avalado por la tozudez de las cifras oficiales. «A Limia y Ourense están cada vez más envejecidas. Cada vez hay más personas viejas y creo que es fundamental que los mayores dejen de estar aislados. Hay que evitar que se encierren en sus casas y no salgan. Hay que estar a su lado y hacerles sentir la cercanía de sus semejantes para evitar que caigan en la depresión o el abandono», remarca.

Dorado no solo se centra en el voluntariado para los mayores. «Hace algún tiempo empecé a colaborar con Cruz Roja de Xinzo. Es otra labor que me llena mucho. Sientes que ayudas a la gente y eso es tremendamente gratificante», reconoce.

Las ayudas de entidades como la Fundación Caixabank para la actividad del voluntariado son agradecidas. «Es evidente la gratitud hacia este tipo de fundaciones o entidades que colaboran con nosotros, pero pienso que siempre podrían dar un poco más, ya que estas iniciativas son muy necesarias», dice. Dorado esboza una reflexión final sobre la labor del voluntario. «Hacen falta muchísimos más. Recomiendo a la gente que se anime y que colabore en estas iniciativas, da una gran satisfacción poder ayudar a los demás», sentencia.

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