«Pero yo no le bajé los pantalones», alega un acusado de agresión sexual

La víctima, una joven norteamericana de 25 años, dice en una declaración que ayer se reprodujo en la Audiencia que el implicado la tocó y que la pudo violar

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ourense / la voz

De protocolos de actuación ante casos de agresión sexual no andaban muy al día en Xinzo de Limia a finales de septiembre del 2016. Solo así se explica que a una joven norteamericana, una voluntaria que ni diez días duró en un centro asistencial de la comarca, no la hubiera visto el médico forense hasta dos días después de la denuncia; que en el PAC de Xinzo no la hubieran atendido cuando acudió para ser reconocida, salvo que desembolsara por anticipado doscientos euros, al no haber convenio de colaboración entre la sanidad pública española y la administración americana; que ni en el cuartel de la Guardia Civil ni en el juzgado de Xinzo le hubieran explicado que, en previsión de que aparecieran restos de ADN del presunto agresor, era mejor que no se duchara; o que acudiera a una consulta privada, donde le indicaron que mejor volvía al día siguiente, si le aparecían hematomas. Así las cosas, cuando la vio el forense, aparecieron restos de ADN en el cuello y en las muñecas, donde decía que le había echado la mano el agresor, pero ya no fue posible obtener un resultado mínimamente aceptable. Ahora, la Audiencia de Ourense se enfrenta a dos versiones diferentes. La de la perjudicada, grabada en cincuenta minutos de interrogatorio en el juzgado de Xinzo. Y la del acusado, que negó la agresión y se mostró titubeante e incurrió en contradicciones, según la acusación. «Pero yo no le bajé los pantalones», aseguró.

Ni una semana llevaba en Xinzo L. L. R., una joven de 25 años que había acudido como voluntaria para la asociación Limisi. Le habían dicho que era un lugar tranquilo. Por eso, el 27 de septiembre del 2016, martes, salió poco después de las nueve de la mañana a correr a orillas del Limia, entre Xinzo y Vilar de Santos. Percibió, según su declaración, una sombra muy lejana que a los tres o cuatro minutos se convirtió en el acusado, que estaba a su lado y trataba de entablar conversación. Empezó siendo una charla amistosa, pero tanto preguntarle si tenía novio, o si le gustaban los chicos, hizo que asomaron en la joven signos de intranquilidad. Intentó irse. ¿Mencionó el deseo de tener sexo?, le preguntaron. Expresamente, no, aclaró, aunque, de acuerdo con su versión, que es también la del ministerio público, acabó abalanzándose sobre ella, primero por la espalda, luego le dio la vuelta, le tocó los pechos y las piernas. «Yo solo quiero una cosa», dijo, sin más detalles. Ella se zafó y corrió. La volvió él a sujetar y así varias veces, sin que el acusado consiguiera bajar las mallas que la chica se había puesto para correr.

Negó el acusado esa versión. Reconoció que le había dado un beso en la cara. Sostiene que percibió rechazo por parte de ella, se dio la vuelta y se marchó. Niega que le hubiera propuesto mantener relaciones sexuales. No la tocó, de acuerdo con sus declaraciones. «Pero yo no le bajé los pantalones», remató, dando pie con esa expresión a una especie de reconocimiento de sus intenciones y a su posterior renuncia.

La dejó marchar

Con todo, la víctima dejó claro en su declaración cómo, según su impresión, de haber querido forzarla sexualmente, hubiera podido hacerlo. No fue así y «la dejó irse». No solo se alejó del lugar, sino que a los pocos días abandonó A Limia para no volver. De hecho, como declaración suya en la vista celebrada ayer en la Audiencia Provincial se reprodujo como prueba preconstituida la declaración que prestó en el Juzgado de Xinzo de Limia, a los dos días del incidente.

La fiscalía propone una condena de tres años de prisión y una orden de alejamiento de cinco años. La acusación particular, con abogada del turno de oficio, eleva la petición de prisión a cinco años y 5.000 euros de indemnización por daños morales. La defensa, por su parte, se inclina por la libre absolución, aunque subsidiariamente, para el supuesto de que la sala vea delito, propone que la condena no sea superior a dos años para evitarle el ingreso efectivo en prisión. Solo pretendía, a su juicio, tocar y mirar, si como sostiene la perjudicada, intentó bajarle las mallas.

Fotografiado e identificado a los dos días del incidente en la zona de O Toural

A la víctima le faltó tiempo para abandonar Xinzo. El día del incidente llegó a las instalaciones del centro asistencial que gestiona Limisi sudorosa, nerviosísima y «desencaixada», según declaró ayer la responsable del centro. Esta, sin saber por qué, salió en su coche hacia la zona del suceso, por si veía al agresor. No lo encontraron. La acompañó después en todo momento. No estaba con ella, sin embargo, cuando a los dos días coincidieron en la zona de O Toural, en Xinzo, el acusado y varias personas vinculada al centro, entre ellas la joven de origen hawaiano -ya entonces con su billete de vuelta a casa- y otra voluntaria de origen alemán. La presencia de esta última sería determinante para llegar a la detención. Se dirigió hacia Josué y, mientras superaba la distancia entre ambos, le hizo una fotografía con el móvil, que, remitida a la Guardia Civil, condujo a la detención. No quedo ahí el asunto, sino que, según la versión de un testigo indirecto, propinó una patada al entonces sospechoso y ahora acusado, que abandonó el lugar sin responder. De ese proceder no quedó, de acuerdo con la misma fuentes, testimonio ni referencia policial o judicial.

La víctima vivió, por otra parte, la incomodidad de ver a decenas de familiares del detenido, que aguardaban en las inmediaciones del juzgado de Xinzo mientras se cumplimentaban los trámites para encarrilar aquellas diligencias. Aquellos instantes de tensión acabaron de convencerla para abandonar Ourense.

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