La concejala


Cuando llueve y hay mucho tráfico, pienso que el coche saca lo peor del ser humano. Pero esa es una reflexión fatua. Hecha apoyada sobre el volante, ante un semáforo en rojo. Hay muchas cosas que pueden sacar lo peor de uno mismo. Pero no me digan que la política no es una de ellas. Y de las que más gracia hace. Lo pensaba estos días a raíz de los dimes y diretes derivados de la dimisión de Antonio Rodríguez como alcalde de Xinzo después de ser condenado (repitan conmigo, alcaldes y concejales del PP) por pre-va-ri-ca-dor. A partir de ahí se ha hecho patente la situación del Partido Popular de Xinzo, que no me atrevería yo a calificar de crítica porque, ¿en qué familia no se ponen unos a otros a caldo de vez en cuando? Montse Lama, concejala en Xinzo y diputada provincial, dio un golpe en la mesa porque los suyos dicen que no trabaja por el Concello ni por el partido. Y el presidente de Novas Xeracións, José Antonio Parente, limiano de pro, le contestó que no se puede ser concejala sin haber pisado un pueblo del municipio. No me atrevo a quitar ni a poner razones (quizás las haya y falten en ambas partes) pero es cierto que estas declaraciones dibujan de forma realista una forma de hacer política. Parente se refiere así a la concejala: «No trabaja para el partido y no va ningún acto público para echar una mano a sus compañeros. Es una persona aburguesada que ha logrado un cargo en la Diputación y cuya labor en política se resume en leer los viernes un comunicado de prensa ante los medios de comunicación». ¡Ay! Si esto es así habría que preguntarse entonces por qué el partido la incluyó en una lista electoral, por qué la hizo diputada y, es más, responsable de Transparencia (eso que es una moda aunque no tenga nada que ver con la ropa) de la institución. ¿No sería ese el verdadero debate?

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