Veintidós parroquias, en el punto de mira por fuegos forestales

Vilariño de Conso y Manzaneda suman nuevos pueblos a la lista de alta actividad incendiaria

Santa María de Quins, en Melón, es una de las parroquias de alta incidencia incendiaria
Santa María de Quins, en Melón, es una de las parroquias de alta incidencia incendiaria

ourense / la voz

En Galicia existen 28 parroquias identificadas por la Xunta como de alta actividad incendiaria. De esas, 22 corresponden a la provincia de Ourense. Se trata de núcleos en los que hubo una media anual de siete incendios virulentos, o más, en los últimos 5 años. Se encuentran en los concellos de Melón, Piñor, Cea, Maceda, Chandrexa de Queixa, Manzaneda, A Veiga, Cualedro, A Gudiña, Laza, A Mezquita, Oímbra Vilariño de Conso y Muíños. Algunas de estas parroquias llevan años en la lista, pero en este 2020 se han incluido dos nuevas con respecto al 2019: San Lourenzo de Castiñeira, en Vilariño de Conso, y San Marcos de Soutipedre, en Manzaneda. Esta última estuvo en la lista del 2016 y, tras salir, volvió a incluirse.

La provincia pasó este año de 50 a 22 parroquias de especial riesgo de incendios. Esta bajada considerable tiene que ver con las buenas cifras de los dos últimos años, con un descenso importante de incendios. Aunque puede variar por circunstancias especiales, de forma general, los incendios más importantes del verano se dan en la zona sudeste de la provincia, por su clima.

El 1 de julio comienza la temporada de alto riesgo de fuegos forestales y el comité provincial de coordinación policial antiincendios se reúne mensualmente para analizar cuál será el trabajo en los próximos meses. El jefe territorial de Medio Rural, Iago Borrajo, fue uno de los asistentes a la última reunión en la que participaron los jefes de servicio de incendios y medio ambiente, los de los cinco distritos ourensanos y representantes de la Guardia Civil y de las policías Nacional y Autonómica. Analizan, entre otras cosas, cuáles son los lugares que deben tener más vigilancia y la casuística de los incendios en cada zona: actos vandálicos, conflictos de caza, regeneración de pastos para ganado o fortuitos. Esto se debate en la reunión mensual y se tiene en cuenta a la hora de definir las parroquias con más alto riesgo de incendio. Este martes, el encuentro sirvió para hacer un repaso de los medios y las zonas de cara a la nueva campaña que se inicia dentro de dos semanas.

«Cremos que as chuvias destes días darannos unha tregua para que os incendios empecen máis tarde. Prevese unha campaña similar á de anos anteriores. Retomamos as parroquias de especial incidencia do ano pasado e veremos que pasa neste verán», señala el jefe territorial de Medio Rural, Iago Borrajo. Este año, de manera excepcional por la pandemia del coronavirus, el personal de las brigadas -las de Medio Rural en la provincia serán 76- deberán tomar medidas especiales. «É unha das novidades do Pladiga 2020. Influirá porque deberán entrar de forma máis escalonada nos seus puntos de encontro e desinfectar os vehículos compartidos despois do seu uso. Tamén no número que poderá ir en cada coche, entre outros aspectos», explica Borrajo. El hecho de llevar consigo su propio EPI de trabajo de incendios reduce el riesgo.

Parroquia de Santa María de Quins
Parroquia de Santa María de Quins

«A miña casa está a 300 metros do monte e como arda isto como hai tres anos...»

Manuel Lorenzo reside junto a su familia en Santa María de Quins, en Melón, una de las parroquias de alta actividad incendiaria. Vivió el gran fuego que en el 2017 asoló la zona y todos los conatos que a lo largo de los últimos años se han producido. «A miña casa está a 300 metros do monte e como arda isto como hai tres anos... Recordo que tiven que axudar a uns veciños a saír e soltar a todos os animais. Non había por onde pasar para apagar o lume».

Las lluvias de los últimos días tranquilizan, pero asegura que todo el entorno está lleno de maleza, mucha cerca de su casa y de otras tres viviendas. «Este ano o Concello non desbrozou nada, e tampouco están limpos os montes comunais. A xente xa é moi maior e outros están fóra. Isto está totalmente abandonado. Incluso temos sendeiros polos que xa non podemos camiñar pola cantidade de herba que creceu. E tamén pozas, para o regadío, que xa non podemos usar» explica. Es la realidad de la provincia ourensana, del despoblamiento. «Estámolo limpando pouco a pouco os veciños, pero só o que podemos. Nos anos anteriores isto xa estaba sen maleza, pero este ano co tema do coronavirus non se fixo nada. O que ardeu, volveu crecer e todo son toxos», añade Manuel Lorenzo.

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