«Se isto queda sen vexetación que fixe a terra, corremos un risco»

En Rebordechao, trabajadores municipales esparcen grano en los montes quemados


ourense / la voz

Por la cumbre del Lombo do Coitelo, en lo alto de Rebordechao, desfilaba entre baches el quad de Rubén Fernández, un vecino de la localidad. Cargaba sacos con las semillas de centeno que esparcía este jueves el personal municipal para que en la tierra, ennegrecida tras los últimos incendios de septiembre, crezca cereal lo más pronto posible. A su vez, algunos gorriones aprovechaban para darse un pequeño banquete con el grano disperso por el monte ennegrecido, una imagen desoladora entre lo boscoso de las cercanías.

«Non foi casualidade. Prenderon lume de forma intencionada unha semana antes de que chegase a choiva», decía Rubén. Mientras, señalaba su lugar de residencia, que se quedó a apenas 200 metros del fuego. Resguardado en un pequeño valle, Rebordechao deja ahora un curioso contraste: hay vida en los huertos colindantes al cementerio, que representa el luto, una imagen idéntica a la de los montes, donde el color negro de lo calcinado y el verde parecían cortados por un cuchillo.

Lo que pretenden ahora desde el Concello de Vilar de Barrio es que el centeno, al crecer, ayude a fijar la tierra y evite corrimientos a causa de las lluvias. Y no es una cuestión menor, porque la zona afectada es actualmente barro, algo de maleza y roca desnuda. «É a primeira vez que probamos con centeo. Falouse cos gandeiros e acordamos intentalo. Pero tiña que ser agora, porque se isto queda sen vexetación corremos un risco, coas consecuencias que implica. E a burocracia, no das axudas, vai moi lenta», decía sonriendo Jesús Gómez, presidente de la comunidad de montes vecinales.

José Luis Cid y José Taboada, dos de los operarios que trabajaban en las laderas del monte, concordaban en que tras el incendio había mano humana. «Non atopamos ni un só vidro, nin unha cabicha e tampouco artefactos. Pero o que ninguén nos vai quitar é o susto», decía el primero señalando hacia la salida del pueblo. Una carretera estrecha es el único acceso hacia Rebordechao, y el temor de los habitantes era que el incendio les cortase el paso para, a continuación, dejar las casas cercadas. «O que pedimos é facer máis sendas. Por exemplo, este camiño ata o cumio foise abrindo agora e hai que acceder a pé», agrega Jesús Gómez.

En el incendio se calcinaron aproximadamente 550 hectáreas. Pero allí, para responder sobre el impacto de las llamas, se mostraban entre resignados y pragmáticos. «Que canto espazo se queimou? Igual esas 550. Fosen as fosen, foron de máis», espetaba un vecino.

Sin daños en las captaciones

Uno de los principales temores de los alcaldes y de los vecinos cuyos concellos se vieron afectados por las llamas son las consecuencias que tras los incendios tendrían las lluvias, al arrastrar las cenizas hacia las captaciones o acuíferos y contaminar las aguas. Por el momento, y teniendo en cuenta que no hubo fuertes precipitaciones, los regidores dicen estar tranquilos. El alcalde de Cualedro, Luciano Rivero Cuquejo, señala que ya han revisado las captaciones tanto de la capitalidad del concello como de la aldea de Carzoá -donde las llamas llegaron hasta las casas- y que no han encontrado ninguna filtración ni problema. María del Carmen Yáñez, alcaldesa de Lobios, explica que al no haber llovido en grandes cantidades, no temen consecuencias inmediatas en las reservas de agua.

La regidora explica que hasta la zona ya se desplazaron técnicos de la Xunta para evaluar los daños. «Considero prioritario facer un estudo previo da situación para facer actuacións con criterio e non sen sentido», señala. Dice, eso sí, que todavía no se ha tomado ninguna medida específica de protección que sirva de barrera en el caso de que las lluvias sean fuertes y arrastren monte abajo las tierras quemadas y las cenizas.

Técnicos de Medio Rural ya visitaron las zonas afectadas por los incendios para evaluar daños

Técnicos especialistas del Centro de Investigación Forestal (CIF) de Lourizán repasaron las zonas afectadas por los incendios del mes de septiembre en Ourense y en la actualidad analizan los datos recogidos para determinar las medidas a adoptar de manera inmediata. Desde Medio Rural señalan que hay que tener en cuenta que no es preciso actuar en todas las áreas afectadas, ya que por circunstancias como el relieve del terreno o el tipo de vegetación el riesgo erosivo no es igual en todas. Una vez se tengan los resultados, comenzará de inmediato la planificación para adoptar las medidas.

Este mismo trabajo fue realizado tras los fuegos del 2017. Entonces, la Xunta hizo un levantamiento, localización, dimensionamiento y diseño de parcelas en las zonas afectadas por los incendios con riesgos hidrológicos y erosivos. Actuaron en la restauración y consolidación de terrenos quemados mediante técnicas como la aplicación de paja desde un helicóptero y su acolchado manual; colocación de barreras filtrantes y dinámicas; y actuaciones de sanidad vegetal, recuperación de infraestructuras dañadas, entre otras medidas.

«Trátase de facer fronte, á maior brevidade posible, ás perdas de solo, aos danos en infraestruturas ou á afectación a valores ambientais, entre outras consecuencias dos incendios», señalan desde la Consellería de Medio Rural. Hace tres años la inversión de la Xunta para recuperar los espacios dañados por los fuegos a través de este tipo de técnicas ascendió a seis millones de euros. En la actualidad se desconoce la partida presupuestaria, que deberá esperar al análisis de datos.

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