Valencia do Sil abre las puertas a su pasado tardorromano

Un laboratorio de Miami data en el siglo cuarto los restos biológicos hallados en una excavación


ourense / la voz

En la comarca de Valdeorras, bajo la tierra, sigue esperando el pasado. Aunque a veces emerge, y explica por qué antaño la zona era una vía de paso crucial de Galicia a la Meseta en el comercio del Imperio Romano.

Este jueves, el equipo de excavación y análisis Sputnik Labrego, dirigido por el doctor y arqueólogo Carlos Tejerizo, certificó que los últimos restos biológicos hallados en un asentamiento en Valencia do Sil constatan la presencia tardorromana en la localidad. «El mejor elemento que tenemos para realizar dataciones es el Carbono 14, porque indica en qué momento murió el animal», dice Tejerizo. Alude a los huesos hallados, una de las pistas que remite a los investigadores al siglo cuarto, en los últimos suspiros del Imperio.

Los datos han llegado de un laboratorio en Miami tras evaluar restos de lo que, en principio, podrían ser vacas, cabras u ovejas. «Esto demostraría que aquí había una economía a pequeña escala», dice el arqueólogo. Pero la incógnita está en saber hasta qué punto Valencia do Sil era clave en el tránsito del mineral hacia el resto de la Península y su papel, por ejemplo, en la economía minera con las Médulas en las cercanías.

El interés en el comercio fluvial

«La comarca de Valdeorras tenía importancia y comercio en este período. Hemos encontrado ánforas, lo que habla de una entrada y salida de productos, y posiblemente de una conexión entre territorios», describe Tejerizo. Las fechas que manejan siguen siendo estimaciones, pero ayudan a estrechar el cerco sobre la historia real de los antiguos ocupantes de la región.

«Pensamos que tenían relación con la que era la Vía Dieciocho, que está conectada también con el Sil, porque el comercio por los ríos era importante», indica. Las excavaciones en el asentamiento se llevan realizando tres años. La última vez, en el pasado mes de octubre. Y se prevé que haya continuidad de las mismas este año con la implicación del Concello de Vilamartín de Valdeorras. Pero ahora, el interés de los investigadores está en los restos minerales encontrados, que se han mandado a otro laboratorio situado en Atapuerca. Lo que allí se descubra podría arrojar algo de luz sobre qué se explotaba en las montañas y yacimientos de Valdeorras, así como desentrañar con qué se comerciaba más allá del Padornelo.

«No hablamos de un castro, porque se tiende a confundir esto con la cultura castrexa. Pero sí era un establecimiento en altura, fortificado. Solo hay que estar allí para darse cuenta del control que ejercían en el entorno desde esta posición», dibuja Tejerizo. Entre las teorías que manejan es que fuese una zona de producción y control de mineral, pero como casi siempre, será la ciencia la que determine la vida en otro tiempo.

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