El barquense que ha estado en todo

El sábado rinden homenaje a Aurelio Blanco Trincado, un gran activista social en la comarca de Valdeorras


o barco / LA VOZ

Es el presidente del Instituto de Estudios Valdeorreses. Y también cofrade del Nazareno, socio de Cruz Roja y una larga lista más. Eso sin olvidar que ha estado en la directiva -y muchas veces en la fundación- de la mayoría de las agrupaciones sociales, culturales y humanitarias de O Barco. Y a toda esa retahíla de activismo apelan desde el comité organizador del homenaje que el sábado recibirá Aurelio Blanco Trincado. «Hubo una época en que estaba metido en todos los saraos, asociaciones sociales, culturales y humanitarias... Y bueno, en este momento creo que han decidido hacérmelo porque tengo ya 77 años, saben que si esperan, igual me da un patatús y me lleva a la tumba», dice para después soltar una carcajada. Asegura que es un homenaje totalmente inmerecido, pero reconoce estar muy contento por saber que cuenta con el aprecio de muchos vecinos.

Blanco Trincado presume de ser un barquense «genuino», nacido en la calle Oscura, en pleno casco viejo. Casado, con dos hijas y dos nietas, asegura que ellas son las que más han sufrido su implicación social. Porque para poder atender su trabajo como procurador de los tribunales y en la asesoría, y compatibilizarlo con su faceta más activista, no le quedó otra que quitarle horas al sueño, y a la familia. Por eso cuando le dieron la medalla por los 25 años en Cruz Roja, no dudó en entregársela directamente a su mujer. «Estuve en Cáritas, Cruz Roja, Asfaval, Asociación de Vecinos, Consejo de Salud, Acción Católica, las radios Amigos de Portugal, creamos Asfaval, que es la obra que más quiero y de la que más orgulloso me siento...», cuenta. Era presidente de Cruz Roja cuando decidieron poner en marcha talleres para que los discapacitados pudiesen aprender un oficio y así se integraran en la sociedad y en la vida laboral. «Recogíamos a los chavales por las aldeas, y a veces los padres ponían alguna resistencia porque les ayudaban en las labores agrícolas. Después, cuando funcionaba, se puso en manos de los padres, que tuvieran a bien hacerme socio de honor», cuenta orgulloso. Es su principal logro, dice, aunque también destaca la etapa en Cruz Roja. «Se prestaron servicios extraordinarios, porque no había hospital ni ambulancias. Se hacía de todo, desde atender accidentados a descolgar suicidas, llevar a los enfermos mentales a los centros, búsqueda de gente que se perdía... Recurrían a nosotros para todo. Hasta nos traían a aves para que las atendiéramos. Funcionó mucho, con escasos medios», rememora. Y añade: «A veces la escasez de medios se suplía con gran dedicación de los voluntarios, que eran casi siempre chiquillos pero le echaban un gran valor». También fue concejal durante cuatro años, pero reconoce que de esa etapa los recuerdos le traen más sombras que luces. «Nunca volvería a la política, fueron muchos sinsabores», añade.

Esperando un museo

Ahora está más tranquilo. «Los años no permiten la actividad que desarrollaba en otra época», señala. «Sigo en las asociaciones, pero no con la intensidad de antes», resalta. Además, dice, todavía le falta tiempo para sus aficiones. Su favorita, recopilar cosas antiguas. «Conseguí una buena cantidad de documentos y objetos relacionados con la historia de Valdeorras que estoy deseando donar cuando alguien (Concello, Diputación o Xunta) cree un archivo histórico o museo. Estoy deseando deshacerme de ellas para que la gente pueda divertirse como me pasa a mí cuando estoy con ellas», asegura. Lleva años reclamando un museo en la comarca, pero todavía no hay ningún proyecto que haga ver que su anhelo se cumplirá pronto.

¿A quién le gustaría ver en el homenaje? «Me gustaría ver a las personas a las que yo organicé homenajes en diferentes momentos; a mi familia, que sé que voy a tener; a los amigos más íntimos; y también me gustaría ver a algún chiquillo de Asfaval que en otra época me llamaba ‘pai’, eso sí que me daría satisfacción», responde. A todos ellos espera ver en el salón del restaurante Paladium de Vilamartín, el sábado a partir de las 21.30 horas. El homenaje incluye una cena para disfrutar de la noche.

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