«El juez tiene que tratar de ser claro»

Candal cree que una sentencia debe escribirse para que la entiendan los ciudadanos


ourense / la voz

Arrancó el curso en la UNED con una lección sobre la «semántica de los principales términos modificados por las reformas procesales penales de 2015» a cargo del magistrado y profesor de la UNED Ignacio Candal Jarrín (Vilamartín de Valdeorras, 1967). Los imputados pasaron a ser investigados, dice, pero «en la práctica no ha significado otro cambio que sea el del nombre».

-O sea, que es lo mismo...

-La Ley de Enjuiciamiento Criminal fue muy avanzada para su tiempo. A efectos procesales, los derechos del investigado o imputado son los mismos desde el siglo XIX, lo que ocurre es que se ha cambiado el nombre, quizás por entenderse que el término imputado sonaba mal. Una persona que antes se llamara José y ahora sea Pepe es la misma.

-¿Se abusó a la hora de etiquetar y señalar a imputados?

-Quizás sí. En un juzgado, cuando citamos a alguien lo convocamos como perito, como testigo, o como investigado/imputado: simplemente significa que hay una denuncia contra él, o que hay indicios de su participación en un delito. Era así antes y es así ahora. En los últimos años, sin embargo, se asoció imputado con culpable, cuando no es así. Que el término investigado sea adecuado no significa que el de imputado sea incorrecto. Son matices poco relevantes. Socialmente se le daba mucha trascendencia, técnicamente no la tiene...

-Trascendencia, sobre todo, entre los políticos a la hora de reclamar dimisiones...

-No tengo el dato a mano, pero la inmensa mayoría de los imputados o investigados citados por el juez no llegan a ser condenados. Y si la realidad es esa, igual deberíamos reflexionar por qué se produce esa presunción de culpabilidad. La Constitución está muy clara en cuanto a la presunción de inocencia. A mí siempre me parecieron excesivas las reclamaciones de dimisión desde el primer momento.

-¿Cree que se mantendrá el término investigado o acabará dejando paso a alguno otro?

-Por ahora es el que está. De todos modos, a mí me gusta un término que sigue existiendo en la Ley de Enjuiciamiento Criminal y ya estaba en la redacción de 1882, que es la declaración indagatoria. Me parece muy apropiado, porque a la persona se la llama para indagar qué ha pasado.

-¿Cree que jueces y magistrados se esfuerzan lo suficiente a la hora de redactar sus resoluciones?

-Creo que el juez siempre tiene que tratar de ser claro. Las sentencias tienen que entenderlas no solo los abogados, sino también los ciudadanos, aunque el juez tenga que expresarse de acuerdo con la ley, esté sometido a la ley e inevitablemente haya de emplear los términos más ajustados. Una compañera de la universidad me dijo un día que yo escribía las sentencias con un tono como de pueblo. Pues, vaya, es lo normal. Somos de donde somos.

-Algunas sentencias, de todos modos, son digamos que difíciles y no tanto por su contenido, sino por la redacción.

-Creo que la gramática está para algo. Todos hemos visto y leído sentencias de mediados del siglo pasado, o del anterior, en las que no había ni un punto en todo un folio. Para ahogarse, vaya.

-¿Hay algo que le chirríe, hablando de estas cosas, cuando ve la televisión o lee el periódico?

-Alguna que otra cosa hay, sí.

-¿’Desimputar’, por ejemplo?

-Por ejemplo. Eso no existe. De todas formas me hace más gracia el ímpetu con el que se puede escuchar, sobre todo en algunas tertulias y debates, aquello de la querella ‘criminal’. ¿Es que hay querellas que no lo sean? Es como, puestos a afinar, lo que ocurre con la custodia compartida, que en realidad es alternativa.

-¿Y cómo ve, al margen de la gramática y la semántica, los cambios de criterio que a veces se producen entre jueces, o en las revisiones en apelación?

-Mi visión es positiva. Pensemos que la mayoría de los veces los tribunales superiores confirman. Pero es que, cuando no es así, hay que pensar que tres magistrados siempre tendrán una visión más amplia que uno solo. No veo un problema, al contrario. Ya nos gustaría que esa garantía se pudiera seguir en la cirugía, por ejemplo, que se pudiera volver atrás y rectificar.

-Ejerció como abogado, es profesor de la UNED en Ourense y magistrado en Ponferrada desde el 2011 en su primer destino. ¿Con qué faceta se queda?

-No es fácil. Me encanta la docencia, pero también el trabajo como juez. Lo ideal, si pudiera elegir, es el trabajo de juez, pero con la carga de actividad establecida. El Consejo General del Poder Judicial da unas referencias, pero al final casi todos las superamos. Sin sobrecarga de trabajo, la judicatura es apasionante.

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