Una cíborg que crea en la naturaleza

Bea Romarty gestiona un aula taller, donde tiene su estudio, vende e imparte clases


O BARCO / LA VOZ

Bea Romarty (O Barco, 1977) siempre fue artista. Y con el paso de los años aquella afición en la que invertía su tiempo, se convirtió en su profesión. Con los estudios de Bellas Artes y Magisterio por el medio, Romarty decidió volver a casa para abrir un aula taller de arte. Era octubre de 2014. Dice que eligió O Barco porque así tenía la posibilidad de hacer «algo constructivo» para ella misma y los valdeorreses. Recuerda que era apenas una adolescente cuando había tenido la posibilidad de ir a clases con Xelo de Tremiñá, y ahora quería ser ella la instructora de futuros artistas. Además, aquí encontró la «tranquilidade» que buscaba, con la naturaleza cerca.

El aula de la calle Coruña es su propio espacio para trabajar como artista, en el que vende su obra y la de otros, el que también funciona como galería y en el que, además, imparte clases. Con una premisa muy clara cuando se trata de niños: que potencien su creatividad. «O proceso creador propio é prioritario; e cos nenos intento que a súa autenticidade expresiva se afiance, que atopen na arte unha maneira de canalizar, expresar que hai unha área de liberdade, onde o posible pode ser realizable. ¿Unha vaca azul? En arte o ?podo facelo?? é ?faino?», explica la artista. Con los adultos, las clases son distintas. «Aí fago máis inciso na técnica», señala.

Romarty esculpe, trabaja la cerámica, hace fotografías, realiza performances... «Pero ser poeta é a miña esencia, o latido primeiro», resalta. Parte de su obra ha llegado a autoeditarla, pues se reconoce tímida a la hora de hablar con las editoriales. «Teño pánico escénico», señala. También ha dado algunos recitales, pero de nuevo apela a la timidez como su seña de identidad; que en cambio pierde cuando se trata de la escultura o las demás artes plásticas.

Con heterónimo

¿Cuál es su estilo? Dice que más que un estilo, a ella la define la temática. La naturaleza es, cuenta, una gran fuente de inspiración. «Todo xira en torno a ela», apostilla, para acto seguido reconocer que muchas veces los versos llevan un giro «cara o cibernético, cara un mundo futuro». «Teño poemarios coma se fose un cíborg, pero hai unha chamada á natureza. É unha simbiose entre natureza e futuro. É o meu mundo imaxinario, como se desde o futuro falara do futuro que está por chegar», detalla. Otras veces recurre a otras voces, «casi cun heterónimo medieval adaptado ao século XXI», dice. Y otras veces opta por la poesía erótica. Y tiene también «mogollón» de cuadernos y libretas de artista. También carpetas, como las que expone en Ponferrada, en la sala Dosmilvacas, dentro de una muestra colectiva. Son acuarelas y también las carpetas, que aprendió a elaborar en el curso de edición de libros del aula de lectura de Vilamartín.

¿Invierte la gente en arte? Romarty responde con su lado más artístico, que lejos está de entender el verbo invertir como algo económico. «Invertir tempo mental en arte sería o importante, aprender a ver a beleza», responde. Y añade: «A inversión económica reflexa que vivimos nunha sociedade demasiado materialista, e o noso modo de ver as cousas é materialista; pero a arte é outra cousa, a arte é gratis, é deterse a contemplar e respirar».

Finalmente confiesa que no, que se vende «poco». En su establecimiento ofrece su obra, pero también la de otros creadores de la zona. No parece importarle demasiado, o al menos deja ver que hay muchas otras facetas del mundo del arte que son mucho más prioritarias para ella que el dinero.

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