«Os de Chaves iamos ó Mercadona de Verín e eles ó Leclerc. Pero xa non»

Pablo Varela Varela
pablo varela OURENSE / LA VOZ

VERÍN

En Feces de Abaixo, con el único paso habilitado en la provincia para acceder a Portugal, asumen resignados el impacto de las nuevas restricciones

02 feb 2021 . Actualizado a las 19:50 h.

Cuenta Toni Dosantos, propietario de un establecimiento comercial en Feces de Abaixo, que «antes había 70 comercios nesta zona antes de chegar á fronteira con Portugal». Ahora, calcula que son siete, el suyo entre ellos. El variopinto escaparate de su tienda, donde se anuncia bacalao pero también hay escopetas de balines expuestas, ilustra la identidad de la raia seca, donde el paso clandestino de mercancías como café, cacao o tabaco fue antaño el sustento de muchos.

Técnicamente, el límite con el país vecino fue y es simplemente eso, una línea imaginaria entre vecinos que se conocen casi desde niños. Por eso ahora, el blindaje para cortar la cadena de transmisión del virus deja una estampa extraña. «Nós vivimos case ó 100 % de Portugal», estima Dosantos. La autovía que conecta Verín y Chaves cambió para siempre la vida de la localidad, antes un paso obligado para quien se desplazaba hacia el país vecino.

Toni Dosantos, propietario de un establecimiento en Feces de Abaixo
Toni Dosantos, propietario de un establecimiento en Feces de Abaixo MIGUEL VILLAR

Por el viejo paso aduanero de Feces, donde muchas de las ventanas siguen tapiadas con tablas de madera por su escaso uso, pasaban ayer multitud de camiones, algunos con gasolina y otros cargados de animales rumbo a las explotaciones agrícolas de la comarca de A Limia. También había quien, por despiste o picaresca, intentaba cruzar hacia Galicia con la idea de repostar o comprar unas cajetillas de Winston. «En España, o tabaco é mais barato», contaba sonriendo un miembro de la Guarda Nacional Republicana (GNR) portuguesa. El que lo intentaba, claro, tenía que dar media vuelta.

Marisa, camarera portuguesa en un bar de Feces, recorre 15 kilómetros de ida y otros tantos de vuelta desde Chaves para acudir a su puesto de trabajo, justificante en mano. En un día normal, lo habitual sería que algunos transportistas de los que se desvían de la autovía para hacer un parón en el camino estuviesen allí tomándose un café. Pero no había ni rastro de ellos. Ni rastro del día a día en una zona donde la distinción entre ser gallego o portugués solo está impresa en el carné de identidad.

Marisa, camarera portuguesa en Feces de Abaixo
Marisa, camarera portuguesa en Feces de Abaixo MIGUEL VILLAR

«Os de Chaves sempre iamos ó Mercadona de Verín para comprar alí. E os de Verín baixaban a Chaves para ir ó Leclerc. Pero xa non», resumía Marisa. Quien más y quien menos, cruzaba días atrás la frontera aunque fuese para desoxidar la bicicleta, hacer unos cuantos kilómetros en las piernas y tomarse una cerveza al otro lado. Ya no. En el lado portugués, el primer café, el bar-restaurante Aberto, avisaba a los recién llegados de la realidad actual: «Ficamos pechados».

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En el paso fronterizo de Feces de Abaixo, a medio camino entre Verín y Chaves, algún ciclista despistado llegaba esta mañana al límite con Portugal para dar un giro de 180 grados y regresar por donde había venido. Y desde el país luso, más de un vecino acostumbrado a repostar en la provincia de Ourense se veía obligado a dar media vuelta.

Miembros de la Policía Nacional, Guardia Civil y Guarda Nacional Republicana vigilaban este lunes el antiguo puesto aduanero próximo al río Támega. En su momento, paraíso para los contrabandistas. «E aínda hai quen intenta colarse polas pistas de terra», decía uno de los gendarmes portugueses. Por la carretera desfilaban camiones y furgonetas de carga, como la que conducía Juan Marques rumbo a Francia. Llevaba mobiliario y le esperaba un largo camino. «Allí, para entrar por tierra nos exigen una acreditación que determine una PCR negativa en las 72 horas previas al viaje», explicaba.

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