Amoeiro y Coles se reactivan: «Para los que somos mayores, venir a jugar la partida nos dará vidilla»

Ambos municipios regresan este jueves a las medidas de nivel 2, y tanto la hostelería como el pequeño comercio lo celebran

El bar Stuttgart, en Coles
El bar Stuttgart, en Coles

ourense / La Voz

En los concellos de Coles y Amoeiro, en los que Sanidade abrió la mano el martes para que hoy queden bajo medidas de nivel 2, se mostraban este miércoles algo más aliviados al decir adiós a las restricciones más duras. En el primero de los dos municipios, Mari García apuraba el paso para servir varios cafés para llevar en su bar, el Stuttgart. Ha sido la tónica habitual desde que Coles entró en el confinamiento perimetral del área de Ourense. Ella optó por abrir en horario de mañana, y los vecinos respondieron. «A la gente hay que agradecerle mucho, se portaron muy bien con nosotros», contaba. Lino Tumbeiro, uno de los clientes, hablaba con un tocayo del municipio. Ese café del mediodía, en cierta forma, es su pequeño placer del día desde que el cierre de la hostelería impidió que sus amigos y él jueguen su partida de cartas. «Nosotros venimos aquí por eso. Para los que somos mayores, es lo que nos daba y dará vidilla. Hasta ahora, como mucho, venías a hablar un poco y te volvías a casa», explica.

En Coles, la previa del regreso a la fase 2 cogió a más de un vecino haciendo lo que hacía siempre: gestiones en entidades bancarias, una compra rápida en la farmacia y un saludo a un conocido desde la acera de enfrente, porque la situación sanitaria aún pesa en la cabeza de muchos. Y eso que, según la Dirección Xeral de Saúde Pública, en el municipio solo se ha detectado un caso en los últimos siete días.

En Amoeiro, mientras tanto, no se ha constatado ningún contagio nuevo desde hace catorce. Cuando se anunció el cierre perimetral, en Casa Alén, un supermercado del municipio, vieron cómo vecinos de Tamallancos, a escasos kilómetros de allí pero ya dentro del Vilamarín no confinado, no podían ir allí a hacer su compra de siempre. «E non viñeron. Entendemos que agora haberá máis afluencia, claro», decía Rosa, la propietaria del establecimiento. Algo más abajo, en la calle principal, María Eugenia Rodríguez regenta una pequeña farmacia. No ha parado de trabajar desde que comenzó el estado de alarma. Ella confirma que, en cierta manera, se echa de menos el bullicio de los bares. «Porque é o que da algo de ambiente. Cando se fixo o peche, ninguén viña de Vilamarín, e daba algo de pena porque somos como irmáns», explica. En Amoeiro hay quien acude casi a diario desde la ciudad de Ourense porque allí tiene sus raíces, familia o su segunda vivienda. María Eugenia señala que, bajo su punto de vista, lo ideal sería «educar á xente sobre como funciona a enfermidade e as vías de contaxio, sen medo e con máis pedagoxía que restricións», pero a la vez, señalaba la necesidad de superar cuanto antes la epidemia: «Outras xeracións viviron peor que nós. Pero isto ten que rematar, algún día, ou haberá xente que pasará fame».

Uno de los supermercados abiertos en Amoeiro
Uno de los supermercados abiertos en Amoeiro

Incertidumbre en Verín

Al sur de la provincia, tras un largo período esperando que se suavizasen las restricciones, los hosteleros de Verín hacen números para ver si abrir las puertas les saldrá rentable. Francisco Pérez, presidente de la Asociación de Hosteleros de la localidad, cuenta que «antes del cierre había días que servíamos cinco comidas por jornada», así que se acogió a un ERTE hará tres semanas. Sabe que hay compañeros que regresarán a la actividad, «y hay varios bares que estaban desesperados por abrir, pero también habrá que ver si hay gente que cubra ese 50 % en interiores, porque con la terraza, con este tiempo, no se puede contar», dice.

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