Salud: del Síndic catalán a Verín


A raíz del cierre del paritorio del Hospital de Verín la riada de noticias en torno a la política sanitaria nos ha invadido. Y entre ellas aquella del defensor del pueblo catalán resolviendo la crisis sanitaria catalana, y particularmente sus listas de espera por la vía expedita del «yo no fui, que fue Madrid». Textualmente: «Uno de los déficits que tiene la sanidad pública» es «que tiene un sobrecoste por la gente que viene a Cataluña a intervenirse».

En tiempo de noticias falsas empiezan a sonrojar los argumentos esgrimidos por las autoridades sanitarias para camuflar su escasa y mala gestión. Por eso sorprende que el Síndic de Greuges obvie que en Cataluña hubo un recorte en sanidad de 1.600 millones de euros bajo la égida de Mas. Y que si consiguen aprobar los presupuestos pretenden destinar 900 millones más a sanidad, lo que situaría el gasto anual en el nivel del 2010, pero nueve años después. Cifras y noticias de conocimiento público, salvo, al parecer, para el Síndic de Greuges. Al igual que las razones de la huelga de médicos de hace un año en Cataluña.

Sin embargo, el tipo argumental es similar al utilizado por la Xunta para explicar el cierre del paritorio de Verín. Cierre que -siguiendo esos argumentos- podrá ser el primero, pero no el único de los que quizá se producirán. Pues no existe ningún análisis prospectivo en el que, en otros hospitales comarcales, el número de partos no siga una tendencia descendiente hasta alcanzar las cinco docenas de este pasado año en Verín. Ni tampoco, aun a pesar de la unificación de áreas sanitarias -¿recuerdan?-, que determinados facultativos no deseen desplazarse a otras unidades de su misma área.

Añadan a ello las noticias de partos con amparo judicial, los anuncios de una nueva «categoría» de médicos de asistencia a domicilio, la reiterada e imprevista escasez de especialistas, sobre todo pediatras o médicos de familia, o los anuncios en torno al nuevo Hospital de A Coruña, aun sin ubicación ni régimen económico definido, y podrán entender que la política sanitaria, en Cataluña y en Galicia, ha dejado de moverse en la realidad para parcelarse en noticias varias. Desconcertantes e irreales. Por más que los problemas a abordar sí lo sean.

Si bien parece que todos, y no solo gallegos y catalanes, se acogen bajo el paradigma enunciado por el director de Cataluña Salut: «Para cumplir con todos los compromisos de mejora, sobre todo en personal, y además innovar y avanzar, necesitamos ser muy rigurosos en la gestión. Tenemos que mejorar los servicios sin cargar el gasto». Esto, sabiendo que la demanda sanitaria será creciente y los costes también.

La administración sanitaria fue innovadora en la administración pública. Quizá la más innovadora. Pero situado el paradigma neoliberal en el lugar adecuado por sus resultados, la sanidad y su política precisan más de una profunda reflexión y reforma que de proclamas de corto alcance y peor resultado.

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