Verín: la sanidad pública, esa arma arrojadiza


Tras haber tenido conocimiento del problema que se esta generando con el cierre del paritorio del Hospital de Verín, no deja de sorprenderme cómo una de las joyas de la corona de nuestra sociedad, la sanidad pública, es utilizada como ariete para desgastar al gobernante y gestor de turno sin importar el método, el medio y la forma y las consecuencias.

Partamos de un hecho: todo cambio genera resistencia, pero sin cambios no hay progreso. El hospital público de Verín se abre en 1994, hace 25 años, desde entonces ha habido cambios: disponemos de nuevas infraestructuras (la A-52 se abre en 1999) y Verín, con 13.800 habitantes, se pone a 52 minutos de Ourense; A Mezquita (el ayuntamiento mas distante, con 1.380 habitantes), a una hora y catorce minutos. Son los mismos tiempos que hay de Muros a Santiago, de Cariño a Ferrol o de Fonsagrada a Lugo.

En estos 25 años el número de habitantes, mujeres en edad fértil y nacimientos caen drásticamente. Solo entre el 2011 y el 2019 se pasa de 147 a 60 partos, una reducción de más del 50 %. ¿Es una insensatez o una necesidad el replantearse algunos aspectos de la atención sanitaria en la comarca? Como toda pregunta retórica, tiene una contestación obvia: es una necesidad.

Es una necesidad sobre todo por y para la seguridad de la mujer y el recién nacido, pero también por la eficiencia (concepto denostado en el ámbito público e intocable en el personal y empresarial).

Los problemas sociosanitarios son casi siempre complejos porque afectan a las personas y a sus más íntimas percepciones, y por tanto las soluciones casi nunca son sencillas y pueden tener múltiples abordajes, pero lo que no es de recibo es la oposición a todo cambio y el manejo populista de la cuestión. Cualquier cambio ha de tener, parece lógico, un fundamento técnico.

He leído en algún medio que la solución sería la colaboración con Chaves a través de la Eurorregión dado el mayor número de habitantes y nacimientos en Tras-Os-Montes así como la proximidad, pero también puedo buscar en la hemeroteca las acusaciones contra la entonces conselleira Pilar Farjas de que pretendía desmontar el hospital y privatizar la atención, cuando se sugirió esta colaboración.

Los criterios técnicos expuestos por los jefes de servicio de Obstetricia y Pediatría del área sanitaria de Ourense, Verín , O Barco de Valdeorras están bien fundamentados. No cuestionan la capacidad profesional individual de médicos y matronas que ejercen en el hospital de Verín, sino el entorno en que se produce dicha práctica, que no asegura la máxima seguridad para los dos eventuales pacientes que el parto conlleva.

Lo que era un avance en 1994, con unas comunicaciones y un número de partos determinados, no tiene por qué serlo en el 2020.

Manifestaciones como las que he oído de «obstetricia heroica» no tienen cabida en la práctica médica actual en la que la seguridad del paciente (madre y recién nacido) son elementos clave. A los que llevamos mas de 30 años en la profesión y todavía atendemos partos se nos ponen los pelos como escarpias con las «heroicidades hechas».

Efectivamente el parto es un hecho natural, pero también es susceptible de complicarse de forma enormemente abrupta (hemorragias obstétricas, embolismo de líquido amniótico, eclampsia, etcétera); el no tener un entorno con los máximos medios y cualificación supone un riesgo innecesario para madre y recién nacido. En un intento de conservar el carácter íntimo y natural del parto sin perder seguridad, se ha intentado abordar con diferentes modelos de atención que van desde las casas de parto inglesas, en la esfera del hospital, al parto domiciliar en Holanda en pacientes seleccionadas y con apoyo inmediato, hoy cuestionado por un aumento en la morbimortalidad materno fetal con este modelo. En nuestro ámbito (España) se ha optado por el parto hospitalario mínimamente intervenido como modo para aunar seguridad y respeto a la intimidad de la parturienta

La atención obstétrica y perinatal de calidad no se basa exclusivamente en la formación y pericia de los individuos, que también, sino en los equipos multidisciplinares (matrona obstetra, perinatólogo, anestesista/intensivista, radiólogo intervencionista, apoyo hematológico, etcétera) y medios técnicos adecuados para minimizar esos riesgos. Estas amplias dotaciones no son posibles en todos los hospitales y pueblos de nuestra geografía y han de hacerse en función de múltiples factores como son la demanda o los tiempos de traslado, que son variables en el tiempo, y las organizaciones deben adaptarse a esos cambios si quieren sobrevivir.

Desde que dicha decisión se ha conocido en los medios se han expuesto opiniones de diversas fuentes; algunas de ellas representan acuerdos firmes de sociedades, como el caso de pediatría, y otras son «opiniones personales» emitidas por cargos representativos pero que no están avaladas por documentos o decisiones de la sociedad a la que dicen representar. Todo ello contribuye a la confusión entre los usuarios de la sanidad y a la politización , en el peor sentido de la palabra, de decisiones técnico sanitarias.

Abandonemos el minifundismo ancestral, que bajo el pretexto del apego al «leiro propio» aplicamos a casi todos los ámbitos de nuestro desarrollo como país, y que en este caso nos privaría de unas condiciones de trabajo y seguridad mejores para nosotros y nuestros pacientes.

Por Manuel Macía es jefe del servicio de Obstetricia del CHUS

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