Ellas sí están embarazadas


Yo no estoy embarazada. Supongo que espero estarlo. No sé cuándo ocurrirá ni, hasta hace unos días, me preocupaba demasiado preverlo ni estar preparada para ello. Siempre he pensado que algún día me convertiría en madre. Descubriría ese amor indescriptible e insuperable, conocería a esa parte chiquitita de mí misma -junto a un hombre maravilloso, porque si sueño, sueño bien- y aprendería todo el rato, a base de emocionarme y estar orgullosa, de tener miedo y superarlo. Mucho miedo y superarlo. Tampoco entraba en mis planes quedarme embarazada en Verín o alrededores, pero quién sabe lo que me deparará la vida y dónde estará ese hombre tan maravilloso. El caso es que ahora ya no podrá ser, ya no tengo esa posibilidad. Ya no puedo parir en el Hospital de Verín. Y lo que me preocupa todavía más, indudablemente más, hay 37 mujeres que sí están embarazadas y que tendrán que ser trasladadas a un paritorio de Ourense para traer al mundo a sus bebés. Que llevan a sus hijos de cuatro, cinco, ocho meses dentro y ahora las obligan a traerlos al mundo en un centro médico que queda, en algunos casos, a más de una hora de sus casas. Puedo entender que esta decisión responde a una serie de causas justificadas, lo que no quiere decir que sea una decisión acertada, que abogue por el desarrollo del rural o que fomente la natalidad, sea donde sea.

De que esas mujeres parirán seguras y apoyadas no me cabe duda, pero que lo harán acompañadas de un estrés y un miedo innecesarios en su estado, tampoco. Que hablamos de parir, de traer vida a este mundo y eso ha de ser siempre prioritario.

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