La acogida de niños saharauis se queda en mínimos históricos

El coste de los viajes, ante la merma de ayudas públicas, limitó la participación


ourense / la voz

Cambian las jaimas o las casas de adobe en el mar de arena en el que viven con sus familias por un mundo en el que el agua no está confinada en bidones, sino que fluye libre en ríos, fuentes o a través de los grifos ante la mirada atónita de los más novatos. Incluso pueden chapotear -porque en el desierto que es su hogar nunca han tenido ocasión de aprender a nadar- en piscinas. Dejan atrás la amenaza tórrida de un verano por encima de los 50 grados, que cada año se cobra víctimas en los campamentos de refugiados, por la más llevadera provincia ourensana que, por mucho que sea considerada la sartén gallega, para ellos nada tiene de abrasadora.

Es el milagro que viven cada verano los niños procedentes de los campos de refugiados saharauis que tienen la suerte de entrar en el programa Vacaciones en Paz, que coordina el colectivo Solidaridade Galega co Pobo Saharaui. Este año, apenas un puñado. Lejos quedan los veranos en los que a la plaza Maior de la capital ourensana llegaban dos autocares -hasta 70 niños se llegaron a acoger- con los participantes a los que esperaban las familias que habían decidido abrirles sus hogares. En esta campaña son 13. Cuatro quedan con familias residentes en la ciudad y el resto se reparten entre Manzaneda, O Carballiño, Ribadavia, Xunqueira de Ambía, Verín y Xinzo. Es el año con menor participación de la provincia ourensana desde que comenzó este programa. «Tuvimos muchas bajas», señala América López, coordinadora de Solidaridade Galega co Pobo Saharaui. La razón no es tanto de falta de espíritu solidario como económica. «Este año casi todas las familias tuvimos que aportar 560 euros para pagar los viajes; solo el Concello de Verín colaboró para sufragar el de los suyos; y no todo el mundo puede asumir eso», matiza, recordando que en el resto de provincias gallegas las instituciones, tanto concellos como diputaciones, mantienen ayudas para el proyecto Vacaciones en Paz.

«Realmente yo creo que Ourense es una provincia solidaria, pero hay que reconocer que esa cantidad supone un sacrificio. Entiendo que haya gente a la que le sea imposible asumir ese gasto extra», señala Mónica González. Ella confiesa que también le supuso un esfuerzo «pero finalmente me pesaba más pensar en dejarlos allí, en las condiciones que están», señala. Ella las conoce personalmente. Después de acoger por primera vez el verano pasado, decidió acercarse a los campamentos en otoño. «Quería ver por mí misma y comprobar si les hacíamos bien o mal trayéndolos. Hay gente que opina que no les beneficia conocer un mundo tan distinto y tener que volver a su realidad», aclara.

Se volvió sin esa duda. «A los que han estado se les nota para bien; son más abiertos, más sociables. Ahora cuando me dicen si no me da pena pensar que luego lo pueden pasar mal en la vuelta siempre les digo que es como si tú te vas de vacaciones a un hotel de cinco estrellas. Eso no te impide volver a tu casa contento y sentirte a gusto en tu entorno, con tu familia y tu gente» dice.

Pero aquél viaje le ayudó a entender la verdadera dimensión de lo que viven estos pequeños. «Lo leemos, lo vemos en la tele, pero hasta que lo palpas no eres consciente de lo que supone. Viven para el día a día. No saben si van a desayunar, si van a comer, si llegarán las ayudas o no, si el camión de reparto pasará por su campamento... Y luego, llegados a la adolescencia, no tienen nada que hacer a no ser que alguien les permita salir fuera de allí para seguir estudiando; porque no hay trabajo, no se puede cultivar nada», relata.

La asociación que coordina el proyecto ha abierto la inscripción del próximo verano

Solidaridade Galega co Pobo Saharaui, la entidad que coordina el proyecto Vacaciones en Paz ya está trabajando en las del verano del 2019. América López, su responsable en Ourense, anima a los ourensanos a conocer este proyecto y a ponerse en contacto ya, a través del 600 867 895, para aclarar cualquier duda e informarse. «Queremos empezar cuanto antes a preparar la próxima edición», señala, invitando también a los ourensanos a sumarse a las iniciativas que van a programar en los próximos meses para recaudar fondos y que ninguna familia que desee ayudar en la acogida se quede sin esa posibilidad por tener que afrontar un gasto extra para los viajes cuando llegue el momento. «Es una experiencia verdaderamente increíble y animo a todo el mundo a probar, porque es mucho más lo que estos niños nos aportan a nosotros que lo que nosotros les damos», dice esta incombustible de la solidaridad. Lleva veinte años acogiendo a niños de los campamentos saharauis, pero no solo a ellos. «Un año llegué a tener cuatro, entre saharauis y rusos. Empecé con una niña de ocho años que hoy tiene 28 y que, casualidades de la vida, es la madre de Hela, la pequeña de once que está este verano conmigo», recuerda. Por su casa han pasado ya 17 pequeños. «Lógicamente dan algo de trabajo, como cualquier niño e incluso algo menos porque son muy especiales».

«Les gusta agradar. Saben que están aquí porque tú lo has querido y lo agradecen», apostilla Mónica que, de su mucho más corta experiencia, valora «la alegría que aportan a la familia».

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