Yo tengo otra mascota

Roberto Lorenzo, de Verín, cuida a un Petauro del azúcar


Ni guau, ni miau, ni glup glup, ni el bel canto plumífero... Aquí se lleva lo diferente, la mascota única y que podría dar lugar a una versión cinematográfica y animal del último trabajo «burtoniano» El hogar Miss Peregrine para animales peculiares. Estos no tienen poderes extraordinarios, a diferencia del argumento de la película aún en cartelera, pero sí una capacidad innata, ya que cuando pisan la calle con sus dueños se convierten en una verdadera atracción e imán de múltiples curiosos, bien sean niños, adolescentes, adultos, mayores...

 «O PORQUIÑO»

O porquiño es uno de los cuentos de la editorial Kalandraka que más me gusta leerles a los míos antes de dormir. Manuel aprieta el libro entre sus brazos como achucha a Chapita. Con mucho amor. Del cerdo se aprovecha todo, decimos los gallegos, pero con la imagen del cocido en la mente. En casa de este niño viveirense, sin embargo, «o destino da porquiña non é o conxelador», advierte el padre, Suso Blanco Chao. Es un cerdo vietnamieta minipig hembra, que fue el sorprendente regalo que su mujer, Renata Cora, recibía el día de la boda, hace un mes, como una broma que surgió en la despedida de soltera al regresar por Vilalba, tierra de crianza porcina. Chapita es pequeñita, «menos que unha botella de Coca-Cola de dous litros», explica Suso, e ideal como mascota. Omnívora por naturaleza, come de todo, «e é coma se tiveses un can ou un gato, ten a súa libreta de vacinas e desparasitación. O único, que non fai guau, pero interactúa coas persoas tanto coma un can. Préstase para paseala e facerlle caricias».

Quira y Jero, los perros que cuidan de su casa en Covas actualmente, se están aún familiarizando con ella: «Están en período de adaptación. Encima son de raza boxer. Ata agora non lles deixamos estar xuntos, pero si que teñen contacto visual sempre. Os cans estanse afacendo a ulir o porquiño pola finca e cremos que non van ter ningún problema».

El que se enamoró profundamente de Chapita en cuanto la vio fue el pequeño Manuel, que la pasea con orgullo y satisfacción cada vez que sale de casa con ella. No hace mucho la llevó su padre cuando iba a recogerle de un cumple con los compañeros de su cole, de sexto de infantil, y causó verdadero furor a las puertas de la ludoteca, mucho más que la colchoneta de saltar que habían inaugurado en las instalaciones para peques. Pero no solo encandila esta peculiar cerdita a los peques. A los mayores también: «Cando baixamos ao parque é toda unha sensación, para todos».

Suso Blanco, que tuvo, además de perro, gatos, peces, pájaros, incluso lagartos tipo iguana, nunca pensó que en su casa viviría con un cerdito: «Un porquiño nunca o vira como animal de compañía, víao con outros ollos, pero esta, dende o momento que veu, adaptouse tan ben que lla recomendaría a calquera, incluso para un piso». «Un porco tradicional nunha casa sería inviable», añade. Cierto Suso, aparte de que tengo dudas de si no acabaría en un domicilio gallego sobre la mesa entre grelos y cachelos.

 Cuando Emilio llega a la finca alguien acude rápidamente a recibirle. No es precisamente su tío ni su prima, sino que se trata de Jana, Montana y Chester, sus tres cabras enanas que trajo a su casa el pasado ocho de agosto. «Son mis mascotas. Tan pronto me escuchan, vienen corriendo a saludarme y a ver qué tengo para ellas. A veces son un poco celositas. Si le doy primero a una de comer, se celan las otras, pero luego ya se les pasa. Es su forma de ser», dice Emilio.

 «Jana, Montana y Chester son vía de escape»

Este sarriano, de 51 años y monitor de un gimnasio en su villa natal, es un auténtico apasionado de los animales. Dice que son su vía de escape para desconectar del trabajo diario. «No las tengo en el piso porque tengo finca y aquí están mejor, pero hay mucha gente que las tiene en casa y las saca a la calle», cuenta Emilio.

DOMESTICACIÓN

Las tres cabras de Emilio proceden del municipio vecino de Paradela. Se las vio a un particular y no pudo resistirse. «Llevaba tiempo con la idea de tenerlas. Necesitaba algo para controlar la hierba, que no hiciera ruido y al mismo tiempo me aportara algo a mí como humano. Son muy pequeñas, ocupan poco espacio, no huelen, me ayudan a tener la finca limpia y me hacen compañía», cuenta el sarriano.

Actualmente, las tres cabras están en proceso de domesticación porque llegaron un tanto asalvajadas. «Jana y Montana son las dos hembras y tienen cuatro años. Las bautizó mi esposa. Chester es el macho y tiene cinco años; lo bauticé yo. Elegí ese nombre porque me recordó a un antiguo compañero de clase. Tienen la barba igual», cuenta Emilio.

Tal es el cuidado de este hombre por sus cabras que les construyó una especie de chalé para su refugio. «Cubrí bien el sitio para que no les entrara frío ni lluvia, les hice su espacio para que coman y beban, y también les preparé una pequeña montañita de piedras para que jueguen», explica. Y en cuanto a la forma de alimentarlas, les da heno, ramas de plantas, frutas y una piedra mineral específica para ellas. Aunque Emilio tiene más animales en la finca, las cabritas fueron las últimas en llegar. Dice que la clave de amansarlas está en el cariño y en la paciencia.

Pregunta de Zoología. ¿Sabe usted lo que es un petauro del azúcar? Como le diría Julio Iglesias a Roberto Lorenzo, de Verín: «Tú SÍ lo sabes». Conoce el bicho, como yo lo denominé la primera vez que lo vi en foto, como la palma de su mano porque vive con varios en casa. Son las mascotas de un gallego que se declara fan de los animales exóticos y que en su piso convive al mismo tiempo con una tortuga, peces, una especie de «dragón», «e tiven un gato -añade- que morreu de vello». ¡Todo un zoo en su domicilio! Pero lo que más sorprende es el petauro, sin duda. En la calle, cuando saca a Danko (macho) y Cora (hembra) metidos en su riñonera (de hecho proceden de Australia y crían como los canguros), que ya fueron padres dos veces, la gente no acierta a decir bien el nombre biológico: «Algúns rin e lles chaman ‘petardos’». Yo incluso pensé que lo de «azúcar» sería porque el dulce les pirra, pero no, todo lo contrario. Señala Roberto que «se lles das azucre, morren. O allo tamén é para eles un tóxico». Comen variado: «Ás veces fágolles unha papa con ovos e verdura, coma a que se lles fai aos bebés, ou lles compro uns vermes que se chaman tenebrios. Comen iso, verdura e froitas», señala. Otra pregunta, que parezco Jordi Hurtado en el clásico y eterno Saber y Ganar, si un perro hace «guau» en España («woof» si es inglés, o «wang wang» en chino mandarín) y un gato «miau» cuando está relajado o «marramamiau» si está cabreado, ¿qué sonido hace el petauro del azúcar?

 «Non poden comer azucre, se non morren»

«Gruñen a veces, pero en xeral son animais bos», dice. Menos mal que a Roberto no se le ha ocurrido meter en casa a un perezoso, que debe ser tan extremadamente bueno que estresaría hasta a un budista. A él siempre le fascinó el mundo de la bichería rara: «Sempre me gustou, hámsters, esquíos... e desta vez deume por mirar en Internet e puxen no buscador ‘animales raros’, e atopei estes». «Agora estou tolo por conseguir unha suricata, pero fai falla un permiso. Ou un moni titi, aquel que tiña sempre enrriba Pippi Calzaslargas, pero claro, para todo iso fai falla diñeiro e tamén un lugar axeitado para telos en boas condicións», finaliza Roberto Lorenzo.

«Teño unha terraza para eles, e unha ‘riñoneira’ para levalos pola rúa; proceden de Australia e críanse como canguros. Fágolles unha papa para comer como aos bebés»

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