La «droja» en el Cola-Cao


Cuando se conoció la detención de una mujer que había robado 700 euros a un vecino de Verín después de echarle somníferos en el café fuimos muchos, supongo que solo los de una determinada generación, los que pensamos en la «droja» en el Cola-Cao de José Tojeiro. Su testimonio pasó del programa Código Uno, que presentaba Arturo Pérez Reverte, a la memoria colectiva. Y a los que no lo habían visto, se lo contaban. Podíamos repetir lo de las «prestitutas» o lo de que «el saludo ya fue amoroso» de memoria, sin necesidad, en aquel 1993, de YouTube. Aunque mucho nos hayamos reído -ojo, que hay hasta tazas con los colores clásicos del bote de Cola-Cao impresas con las ya míticas frases de Tojeiro- la cosa en realidad era un poco triste. Por eso, y a pesar de que el robo de Ourense nos recordara el chascarrillo -aunque se produjo en circunstancias totalmente distintas- lo cierto es que el caso no tiene ninguna gracia. Porque, como ocurre casi siempre con los sucesos, la denuncia y la detención nos recuerdan las miserias de nuestra sociedad. En el caso de Verín, la víctima, que roza los 90 años, conocía a la persona que acompañaba a la presunta ladrona. Con problemas de droga y tras pasar por la cárcel, el hombre lo ayudó y le dejó vivir en su bajo, sin cobrarle nada. Hace unos días volvió a aparecer, con frío, con hambre y con la mujer que acabaría drogando a su anfitrión. Les dio de cenar un bocadillo, caldo y café. «Así mo pagou agora», decía el hombre, al borde de las lágrimas. Así de tristes son las cosas aunque nos riésemos tanto de la «droja» en el Cola-Cao.

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