Los felos se reivindican recorriendo aldeas de la Serra de San Mamede

El carnaval de Maceda es desde este año Festa de Interese Turístico Galego


ourense / la voz

Maceda comparte la Serra de San Mamede con uno de los puntos estratégicos del «triángulo máxico» del entroido. Laza, el carnaval más ancestral y singular del triángulo, está del otro lado de la montaña. Y el felo mantiene muchos elementos comunes con el peliqueiro -también con el cigarrón de Verín-. Desde hace años los vecinos han apostado por reivindicar aquel antiguo personaje que recorría en solitario las aldeas de la sierra durante días, durmiendo en los pajares y haciendo sonar las chocas -que entre otras cosas servían antiguamente para ahuyentar a los lobos-, y desde este año cuentan con la declaración de Festa de Interese Turístico Galego.

Los tiempos han cambiado y los felos de Maceda han sabido sacar rentabilidad a los mismos en sus salidas de carnaval: se mueven en autobús para hacer un recorrido que le lleva por las aldeas del municipio, donde son recibidos con entrega total por parte de los vecinos.

Singularidad

El ritual manda y los felos aprovechan para hacese valer, con el caxato como arma intimidatoria, gastando bromas a los que encuentran a su paso -mientras el burlado trata de afinar el oído y la vista para ver si algún detalle le permite conocer la identidad del felo- y mostrándose galantes con las mujeres. En las aldeas del recorrido los esperan a mesa puesta: comida y bebida para todos -cortezas, bolas de queso y otras lambonadas para los niños- y hasta grandes plásticos tendidos de casa a casa para que no se mojen. El recuerdo de las trombas de auga del pasado año aún está presente en la memoria colectiva.

Aunque mantiene elementos comunes con figuras míticas del entroido ourensano, caso de peliqueiros y cigarróns, el canon del felo pasa por una indumentaria compuesta por calcetines blancos, medias negras -el peliqueiro las lleva blancas-, filas de borlas de diferentes colores, colcha con flecos claros sobre la cintura, rabo de zorro en el alto de la mitra, collares y el bastón. La tradición hace referencia a decorar la mitra con animales y aves rapaces de la Serra de San Mamede. El origen del felo sigue siendo un misterio, aunque se vincula a la rebelión popular contra los señores feudales. En la villa se mantiene la fortaleza en la que vivió de niño Alfonso X el Sabio, convertido en la actualidad el castillo en restaurante y hotel.

Desde Suecia a Maceda

La comitiva ourensana daba cobijo ayer a un felo muy particular. Bajo una máscara con ciervo recorrió las aldeas la poeta sueca Helena Eriksson. Descubrió los felos en el 2010 y este es el segundo año que viaja desde Goteborg para vivir el entroido. De su pasión da cuenta el libro Felo con moza cos ollos pechados.

Los felos salieron ayer a primera hora de la mañana, con frío en el cuerpo y niebla en lo alto de la sierra, a «correr o entroido». Por Castro, Pías, Santirso, Costa, Celeirón, Maceda, Barxelas, Vilar, Sarreaus y Tioira sintieron a lo lejos ecos de un sonido extraño, un runrún que poco a poco se fue convirtiendo en un zumbido persistente y que acabó por hacerse ley en ese estruendo que se mete en el cuerpo cuando se juntan cientos de chocas emitiendo su sonido ronco al unísono. Es el territorio del felo, que reclama su cuota de poder y de protagonismo en la Serra de San Mamede. Se resistió a que lo devoraran los lobos del olvido y ha vuelto para quedarse.

Un esfuerzo colectivo

Los autobuses trasladan a los felos por los pueblos, las pesadas chocas viajan en el maletero. Al llegar a las aldeas, los miembros de la comitiva se ayudan a colocar los elementos de la vestimenta, al tiempo que se atan las chocas y se ponen las máscaras. foto s. m. a.

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