La taberna de los artistas

La histórica «O Tellado», en Celanova, como punto de referencia para el arte


ourense

«La pureza no se puede perder nunca cuando uno la lleva dentro de verdad». Camarón.

Si existe un lugar señero y único en Galicia, espacio para la música, el arte y la mejor gastronomía, cenáculo de la bohemia artística y taberna histórica donde las haya es la taberna O Tellado en Celanova, abierto en 1975 por Ramón Rodríguez Mouriño, extraordinario Moncho, queridísimo por su bonhomía y generosidad, sus fascinantes historias y su alma de artista. Es por esto que a lo largo de los años fue reuniendo un extenso patrimonio cultural y afectivo en los retratos que le dedican como gratitud y admiración hacia su persona distintos artistas plásticos a través de sus lenguajes y que contribuyen con su mirada al aspecto museístico de la taberna que debe su nombre al tejado que se sostiene por encima de la barra.

Retiro de santos y pecadores, confesiones y salmos regados por los mejores caldos que Moncho

sirve siempre sonriente con su mirada franca y su gran corazón. Porque Moncho es el espíritu de O Tellado, el alma misma. Solemne y proverbial como un chamán mítico cuenta la triste historia del Pachín, que murió en Verea cuando se quedó dormido fumando y el cigarrillo quemó su casa, y cuando el Grosiño, panadero de Xube, ganó un concurso de feos haciéndose con el galardón y desbancando a sus competidores, y de aquel carpintero que decía que era torero en la mili porque hacía carros para los toros y cuando el Sporting Celanova había ascendido a Tercera. Corría la temporada 76-77 y jugaron la Copa del Rey contra el Malgrat de Barcelona.

Melómano, en ocasiones desenfunda su armónica cuando no se arranca por un canto de taberna para satisfacción de clientes y amigos. Todos cuantos conocemos a Moncho quedamos fascinados por su cercanía y cariño. Así lo atestiguan los cientos de fotografías que lo acompañan desde hace años con su mujer Mariluz y tantas personalidades: la banda de música de Celanova, Felipe González, Isabel Coixet, Amancio Prada, Carlos Núñez, Blanca Marsillach, Celso Emilio Ferreiro, Baldomero Moreiras y

los compañeros de la academia: Redondo, Paco, el gran Daniel bancario, Toro Sentado, Marcial,

Manolito Reza, Manuel Rojo…y también José Manuel el hijo del Piecita y su hermano, el cantero Juan Carlos López.

Moncho atesora una amplia exposición permanente de sus amigos artistas; destacan tres obras del artista Baldomero Moreiras: geometría y dinamismo en la integración de las siluetas y los cuerpos incandescentes en Os faroles, festa da Ramallosa, de 1996, un magnífico retrato de Moncho en el que la figura se recorta sobre el fondo neutro con guiños musicales en los cuellos y cierto academicismo en la figura solemne de gran dignidad, y una excelente obra del 98 en la que integra barro blanco africano y madera y que representa Castromao.

Admirable talla en madera de Leandro, retrato de Moncho en cierta medida metafísico, humanizado y simbólico, edificando la escultura en el enfrentamiento y contraste de elementos tallados y

policromados, lo representativo, la materia dura y el hueco en una silueta quebrada como las de

Cêzanne y cierto carácter panteísta como un tótem propiciatorio y primitivo, una construcción abierta como las de Giacometti sin la estilización deformante expresionista. Eminente hiperrealista como Bravo, o Richard en equilibrio y sobriedad, exhibe su conocimiento de la técnica y su maestría en la obra que

reproduce un bulto empaquetado con un tratamiento riguroso de texturas que llevan al trompe le oil.

El cubismo romántico de César Prada cuyo interés por el análisis y la representación de los volúmenes no renuncia a la silueta cerrada de los objetos ni a la mirada emocional. Una obra de El Chileno, reproduce una escena costumbrista en la que la figuración femenina dialoga con el paisaje de medas y hórreos.

Cabe destacar el magnífico dibujo de Simón Baptiste en las escenas de interior. Detallismo retrofuturista y un trazo magnético, fluido y sagaz que remite al cómic. Sorprendentes son los grabados de Cidoiros cuyas estilizaciones, grafismos y apropiaciones remiten a Jordi Labanda. Dos dibujos de Querejaju de excelente trazo y un paisaje rural de José Manuel Bugallo.

Retratos de Moncho de Carapolitas y Aarón, su nieto y un monumental e hipertrofiado pie tallado de Daniel da Pegariña, a zoca das monedas do Maxito de Grou, un dibujo del gaiteiro Paco Xibardo y Silvestre, eclecticismo de esculturas africanas con imágenes de santos, llaveros y hasta un muñeco legionario componen este maravilloso rincón del mundo con muiñeira propia escrita y compuesta por Alexandre Ruíz.

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