Muchos colaboradores del Banco de Tapones frenan la recogida

La provincia aportaba tres toneladas mensuales a una entidad que ahora cierra por falta de estructura logística

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ourense / la voz

El cierre del Banco de Tapones de O Baixo Miño (Banta) ha generado incertidumbre en los colaboradores que esta entidad tenía en Ourense. Eran muchos los que desde asociaciones, empresas, colegios, establecimientos comerciales o incluso de forma particular, en su propia casa, recogían las tapas de plástico de amigos, clientes y conocidos para entregárselos a Banta con el objetivo de ayudar a familias que necesitaban afrontar gastos importantes para ofrecer tratamientos o ayudas técnicas a niños con diversas patologías. El anuncio de su cierre, por falta de manos para gestionar el volumen de la solidaridad de los gallegos -más de 450 toneladas el pasado año- ha provocado que muchos puntos de recepción de Ourense hayan decidido parar mientras no encuentran otro receptor. Y es que, después del área de Vigo, Ourense es la que más aportaba; en torno a tres toneladas de tapones al mes. «El compromiso de los ourensanos es extraordinario; hay personas que no sé cómo hacían para guardar todo lo que nos entregaban», señala Carlos Balea, presidente de Banta.

Uno de esos casos es el de Reme Dalmeida, propietaria de una tienda de ropa en la calle Ervedelo. «Veníamos llenando unos 30 sacos de diez kilos cada uno al mes. Los traían tanto clientes como otros vecinos del barrio, incluso venían un chico de Xinzo que recogía allí y otro de Amoeiro», explica. Aunque la Fundación Amigos de Galicia, que también recoge este tipo de material, se ha ofrecido a asumir los puntos de Banta, Reme dice que, de momento para. «Tendría que garantizarme las recogidas porque ya tuve otras experiencias que venían cuando les apetecía. Y tengo el espacio que tengo», dice.

Sus argumentos se repiten en otros colaboradores. «Yo he colocado un cartel para avisar de que de momento paramos», explica Diana, de la Autoescuela Parque. Comenzó en esta iniciativa «por ayudar al hijo de un amigo y después seguimos porque tanto los clientes como otra gente del barrio se habituó a traerlos». Lo mismo le ocurrió a Toño Moure, de TM Sport, en A Ponte. «Comencé por Ismael -un niño ourensano que necesitaba tratamiento con la hormona de crecimiento que el Sergas no le concedió inicialmente- y luego seguí con Toén Solidario, hasta que ellos tampoco podían asumir lo que acumulábamos y me pusieron en contacto con Banta. Pero no puedo seguir juntando 300 o 400 kilos si no hay un compromiso serio en ese aspecto», dice.

Toén Solidario, una de las entidades locales más veteranas en este tipo de recogidas, también ha decidido tomarse un tiempo. Victoria Iglesias, presidenta de la asociación, recuerda que gracias al Concello de Toén, que les donó un espacio en una nave municipal, llegaron a tener 60 puntos de recepción tanto en este municipio como en Barbadás y en la capital «pero solo somos cinco e facíasenos imposible». En el almacén aún queda una pequeña remesa que pasarán a llevarse los de Banta «e de momento facemos unha pausa, porque non sabemos se Amigos de Galicia os virían a recoller, e nós non podemos asumir o traslado», dice.

«Nosotros estamos en stand by», confirma el director del colegio Rosalía de Castro de Xinzo, José Manuel García. Este centro venía entregando cada dos meses entre 15 y 16 sacos industriales. «No solo colabora la comunidad escolar, también otros vecinos, pero nuestra capacidad no es ilimitada. Vamos a esperar y ver qué alternativas se abren», dice.

También hay colaboradores de Banta que ya se han puesto en contacto con la Fundación Amigos de Galicia, como la farmacéutica Ana María Pérez. «Quedamos en contactar de nuevo con ellos en mayo porque queremos seguir colaborando en lo que podamos», señala.

«Es bastante triste que tengan que cerrar después de lo mucho que nos han ayudado»

El Banco de Tapones de O Baixo Miño no solo recogía por Galicia; también repartía lo que conseguía con la venta de ese plástico entre familias con necesidad de ayuda para sus hijos de las cuatro provincias. Entre los 30 niños que se beneficiaron de su labor, y de la solidaridad de los que aportaban los tapones, hubo varios ourensanos. Uno de ellos fue Gilbert, un pequeño de años de edad que padece hipoacusia bilateral severa. Sus padres buscaban ayuda para adquirir un audífono especial y Banta les donó 3.000 euros, la mitad del coste total del aparato. «Con el paso del tiempo ni siquiera el audífono era suficiente y finalmente le pusieron un implante», cuenta Mónica Prada, su madre. Esta familia volvía a estar dentro de los proyectos de Banta, porque su segundo hijo, Edgar, nació con el mismo problema -que tiene un origen genético- y también necesitan un audífono para él. «Ya nos han llamado de la otra entidad para decirnos que seguirían la labor para ayudarnos», explica aludiendo a Amigos de Galicia. Mónica lamenta la situación de Banta. «Es bastante triste que tengan que cerrar después de lo mucho que han ayudado a tanta gente», dice. Otro de los ourensanos que se beneficiaron de la labor de esta entidad fue Daniel, un pequeño afectado por el síndrome de Joubert. Tenía nueve años cuando sus padres, Ignacio y Pilar, recibieron con inmensa alegría el cheque de 3.00 0 euros que les ayudaría a comprar un andador especial, ya que esta enfermedad provoca atonía muscular, entre otros problemas. Costaba 7.000 euros y no lo cubría el sistema público.

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