Las salas son los reductos de la música en directo en el rural

Dos jóvenes apostaron en Vilar de Santos y Sandiás por programar conciertos de manera habitual en sus locales


ourense / la voz

La oferta cultural en los concellos del rural ourensano es muchas veces escasa. Y en numerosas ocasiones, el ocio se ciñe a las fiestas que pueda haber, especialmente en los meses de verano o en fechas señaladas como Navidad o Semana Santa, coincidiendo con el incremento de la población asociado a las vacaciones. Pero hay reductos, incluso en aldeas diminutas, donde en cambio la oferta cultural y musical es importante gracias al esfuerzo que hace un local de hostelería convertido en sala de conciertos, como es el caso de A Corte dos Bois en Sandiás y A Arca da Noe en Vilar de Santos.

En Sandiás el proyecto crece. Un grupo de vecinos de Santa Ana, vinculados con A Corte dos Bois, ha formalizado la constitución de una nueva asociación cultural que llevará el mismo nombre de la sala que inició su actividad hace cuatro años. El portavoz de la asociación y propietario del local, radicado en una pequeña aldea de una veintena de vecinos, Jaime Vázquez Carnero, matizó que la sala continuará funcionando. «Lo que pretendemos con esta nueva iniciativa es expandir nuestras actividades, no solo a la organización de conciertos o actividades culturales variadas como exposiciones fotográficas o pictóricas, o presentaciones de libros», remarcó. Y explicó: «Queremos plantear, por ejemplo, otras iniciativas lúdicas como propuestas vinculadas al senderismo, además de continuar con las actuaciones musicales».

El local, organizador de ciclos de música jazz, también pretende «crear una programación cultural estable en Santa Ana y poder optar a ayudas públicas por estas propuestas. Esperamos que esa formalización de la agrupación cultural puede favorecer la organización de eventos fuera del local y pueda agilizar, por ejemplo, los permisos administrativos para efectuar determinados eventos en el exterior».

A Corte dos Bois ha traído hasta Sandiás iniciativas tan insólitas para una aldea ourensana como un espectáculo de una bailarina japonesa o actuaciones de grupos internacionales. Todas las actuaciones que tienen lugar en el local son gratuitas.

Carnero mantiene su convicción de que todas estas actividades pretenden ir más allá de una oferta convencional de conciertos en un local de hostelería. «El planteamiento inicial de A Corte sigue vigente. Ofertar una serie de eventos de tipo cultural que son muy difíciles de concretar en un pequeño pueblo de A Limia», expuso.

En otro punto de A Limia, en Vilar de Santos, Noemí Vázquez puso en marcha hace cuatro años A Arca da Noe. Licenciada en Filoloxía Galega, de 34 años, fue galardonada con el premio Martín Códax al mejor local de conciertos en 2016 (y ahora aspira a revalidarlo). Destacados intérpretes como Luis Pastor o Víctor Abundancia, y virtuosos músicos como el gaitero ruso Anistratov han pasado por el local. Tampoco aquí se cobra entrada para asistir a los conciertos. Y aunque hay actuaciones que no lo cumplen, la apuesta se centra en los cantantes gallegos. «O noso obxectivo é que a xente se interrelacione e converse. Sobre todo é importante a interrelación entre xeracións», asegura Vázquez.

Apuesta por el pop y el rock

En O Barco de Valdeorras el censo señala que hay 13.899 vecinos, muchos más de los 20 de la aldea de Santa Ana. Son muchos más, pero aún así, lejos están de suponer vivir en una ciudad. Y, en cambio, los residentes tienen con frecuencia la posibilidad de disfrutar de conciertos que solo llegan a las capitales. Por la sala Baranda han pasado nombres del pop y rock español que giran por locales mucho más grandes. Villanueva o Ángel Stanich son algunas de las últimas propuestas, nombres que forman parte del cartel de algunos de los festivales más importantes del Estado y que también tienen parada en Valdeorras, en conciertos que rara vez cuestan más de 10 euros. Un lujo en un local que cumplió once años el pasado mes de diciembre, y que se mantiene fiel al espíritu de que la música en directo forme parte de la oferta habitual de la sala, con al menos dos conciertos al mes. El resto del tiempo la sala Baranda funciona como un local de copas, y en ocasiones programa también espectáculos de magia o monólogos.

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