«No me gusta ir a la peluquería, me gusta más cuando me peino en casa»

Sara Rivera cumplió ayer 100 años invitando al desayuno a sus familiares y amigos

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«No me gusta ir a la peluquería me gusta más cuando me peino en casa» Sara Rivera cumplió ayer 100 años invitando al desayuno a sus familiares y amigos.

ourense / la voz

La cita es en una cafetería de Mariñamansa y Sara Rivera, la anfitriona. Cuesta en un principio saber quién de todas es solo con un dato: cumple 100 años. Pero enseguida se descubre el entuerto, es la que recibe más mimos. Ayer pasó a formar parte de la lista de centenarios ourensanos. Son 230, 193 mujeres. Cualquiera firmaría hoy mismo poder llegar a esa edad en sus condiciones. Sara vive sola en una casa de dos plantas. Sale todos los días a pasear, hace la comida y, no solo eso, preparará, según contaba ayer uno de sus hijos, la cita navideña de los 23 miembros de su familia. «¡No hay quien entre en la cocina¡ Ella hace el asado, la paella... Solo nos deja poner la mesa», afirmaba ayer José.

El secreto de su estado es la vitalidad que ha tenido siempre, a pesar de que la vida en más de una ocasión se lo ha puesto difícil. Nació el 13 de diciembre de 1918 en Portomourisco y su nieta Sonia así la describe: «Con 15 años viajó a Barcelona en busca de un buen futuro casi con la llegada de la guerra donde vivió y trabajó con una soprano muy famosa llamada Josefina Huguet. En esos años pasó hambre, perdió a un hermano e incluso vio caer un obús en la terraza de su casa». Por casualidades de la vida, afirma Sonia, conoció a José Bugallo en San Xoán de Río. «Él tenía muchas pretendientas, era un hombre muy guapo. Finalmente se casó con Sara cuando ella cumplía los 33. José llegó a trabajar para una empresa muy importante gracias al empeño y tesón de Sara y ella no quiso ser menos. Por eso a los 35 se vinieron a Ourense para que sus hijos Rosa y José estudiasen y ella abrió una tienda que acabó siendo casa de comidas y pensión de directivos madrileños de empresas como Pejerto Caride entre otras en el 1963 y así fueron un gran ejemplo para toda la familia», relata.

Y ese cariño se vio ayer multiplicado por varios miembros de su familia. «¡Abuela, el sábado hay que ir a la peluquería!», le dice desde lejos otra de sus nietas. Sara pone cara seria sin dejar de mojar un churro en el chocolate que tiene delante: «No me gusta ir a la peluquería, me gusta más cuando me peino en casa». Las risas se contagian entre los familiares y amigos que la acompañan. «Está perfecta, hasta friega las escaleras de su casa. ¿Su secreto? Pues no sé, pasó mucha hambre, estalló la guerra cuando servía en Barcelona... montó una tienda-bar en Seixalbo y estuvo toda la vida trabajando», dice su hijo José.

Además, la cabeza la tiene muy bien y hasta hace unos meses iba ella sola al banco a hacer las gestiones. Ahora no puede porque le cuesta más andar... Aún así, su hijo dice: «Mi madre camina todos los días un kilómetro por lo menos. Y le gusta mucho coser. Compraba ropa en el mercadillo y luego la adaptaba» y recuerda que de niños no les dejaba ir con nadie: «Siempre quería estar con nosotros, es muy protectora».

Sus amigas de toda la vida se fueron yendo y ahora comparte su tiempo, además de con la familia, con un par de vecinas y con un grupo de mujeres que conoce de la iglesia: «No quiere que nadie le vaya a ayudar a casa, aunque nosotros siempre estamos pendientes. Le vamos ayudando a limpiar los cristales, a veces le llevamos la comida...».

Rosa es su hija: «Siempre ha sido muy activa y creemos que por eso está tan bien. De ella destacaría que es muy valiente y que afronta todo lo que le viene encima». Algo que ha trasladado a los descendientes. «Siempre estamos pendientes de ella, aunque quiere hacer todo a su manera y a su forma. Siempre sale y es presumida. Estuvo operada de cataratas pero siempre se pinta los ojos. Y me insiste ella a mí para que me arregle más y me pinte...». Socarrona, Sara se ríe cuando escucha hablar de ella a sus hijos, aunque disimule con retranca. Ayer cumplió cien años pero todavía le quedan muchos paseos.

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