Tres meses reclamando en el juzgado cita para ir a casa y recoger sus cosas

La Guardia Civil no ha logrado contactar y concretar con la esposa la fecha para el traslado a la vivienda, autorizado el 20 de marzo

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ourense / la voz

Casi tres meses lleva un ourensano, vecino del municipio de San Cibrao das Viñas, a la espera de que se le permita volver a la que era su casa familiar para retirar sus cosas. El día 20 de marzo oficiaron a la Guardia Civil desde el Juzgado de Instrucción número 3 de Ourense para «que se proceda a acompañar a V. M. L. hasta el domicilio [...] a fin de que el mismo proceda a la retirada de enseres personales». Aún no ha conseguido entrar. Y ello a pesar de las insistentes quejas, gestiones y escritos que la abogada del afectado ha presentado en el juzgado. Una orden de alejamiento le impide

aproximarse a menos de cien metros del edificio que compartían o de cualquier otro lugar donde la mujer se encuentre. Con esa limitación, no podría entrar para poder retirar su ropa, o llevarse consigo a su perro, aun cuando tuviera la certeza de que la mujer no se encontraba en casa.

Se ha intentado, dice la abogada en uno de los primeros escritos al juzgado, pero sin éxito. La esposa, afirma el perjudicado, indicó a la Guardia Civil «que no tenía tiempo para acudir al domicilio para que el denunciante pudiera retirar sus cosas, por lo que lleva más de treinta días (en realidad, ahora casi tres meses) sin ropa y otros enseres».

Añade que «la Guardia Civil indica que no puede contactar con la esposa para acudir al domicilio, porque no responde a los números de teléfono que ha indicado para fijar fecha y hora».

Las reclamaciones de este hombre no han dado fruto. Indirectamente, sin embargo, la situación le ha reportado un nueva denuncia por incumplimiento de media cautelar. Admite este hombre que una noche acudió hasta la finca, sin llegar a entrar, solo para echar comida a su perro, que, en su opinión, no está recibiendo la adecuada atención desde el pasado mes de marzo, cuando abandonó su vivienda con una orden judicial de alejamiento que fija un radio de cien metros. Un vecino, afirma, le mandó una foto para que se percatara del supuesto abandono del animal.

El implicado en este conflicto declaró a la jueza el lunes de esta misma semana que había acudido a dar de comer al perro, pues «tiene constancia» de que su esposa «no duerme ni vive allí». Tuvo mala suerte. «Dio la circunstancia de que ella llegó estando él allí, al verla se montó el coche y se fue», declaró.

La relación de esta pareja, con un hijo en común y en proceso de divorcio litigioso desde hace un año, se enrareció en marzo con una denuncia de la mujer, con referencia a supuestos episodios de malos tratos en fechas indeterminadas de septiembre y noviembre del año pasado. La denuncia, enzarzados como ya estaban en pleno litigio por la separación, se apoyó, entre otras cosas, en mensajes telefónicos del 11 de noviembre entre la supuesta perjudicada y su hermana. Se trataría de lesiones en el cuello, consecuencia de agarrones.

Calabozo y esposado

Sin perro, sin ropa y sin efectos personales, el denunciado sabe desde marzo de las incomodidad de los calabozos de la comisaría y del traslado en coche oficial, esposado, desde Santa Mariña hasta los juzgados de la capital.

La primera denuncia lo dejó dos noche en los calabozos de la comisaría, hasta que llegó el momento de pasar a disposición judicial. Salió de allí con una orden del alejamiento y la apertura de unas diligencias previas por violencia de género o maltrato. El mismo día 20 de marzo pidió que le dejaran ir a casa para recoger sus cosas, incluido su perro. Aún lo las tiene, pese a reclamar de forma reiterada que se convoque a su aún esposa, se fije cita y pueda acudir, acompañado de la Guardia Civil.

La segunda vez, denunciado el viernes pasado, evitó la noche de calabozo de fin de semana -a la espera de pasar a disposición judicial- porque se encontraba en Portugal. El castigo no pasó de la incomodidad de verse esposado, tras acudir el lunes a las dependencias de la Guardia Civil. Lo denunciaron por merodear por la casa familiar y por haber estado a menos de cien metros de la mujer un día que coincidió con ella al recoger el hijo común en el colegio. Él sostiene que había hablado con su suegra para cambiar uno de los dos días, pues el que le tocaba no podía ir. Ella declaró en el juzgado que no tenía constancia de ese cambio.

En proceso de separación la pareja, sobre el hombre pesa una orden

de alejamiento

Sorprendido

cerca de la casa, el implicado dice que había ido para dar de comer al perro

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