Tras décadas en paradero desconocido, estos nacidos entre 1960 y 1961 cuadran agendas para hablar del paso del tiempo y de recuerdos comunes
19 may 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Un día, hace cuatro años, a Julio Dabarca, Antonia González, Julia Viñas y Flora Fernández se les ocurrió reunir a sus compañeros de promoción del Grupo Escolar y el Instituto de Ribadavia para ver cómo les habían ido las cosas. Habían pasado 35 años de la última vez que se habían visto todos, pero tiraron del hilo y reunieron a un grupo de 29 personas para recordar. Las conclusiones sobre el paso del tiempo debieron de gustar y, el sábado pasado, cuatro personas más se unieron a lo que a todas luces apunta a una tradición. «Nadie estuvo en la NASA ni se dedicó a la política», apuntilla Fernández entre risas, demostrando que eso no es lo relevante.
En Galicia, entre los años 1960 y 1961 pasaron muchas cosas. En A Mariña, una brutal galerna segó las vidas de muchos marineros, se descubrieron los únicos restos de mamut de la comunidad en la cantera de Buxán, un cachalote se quedó varado en la playa del Orzán, nació Pescanova y una generación de ourensanos vino al mundo. Los de la comarca de O Ribeiro, como resumen y entre muchísimas otras cosas, fueron al colegio y al acabarlo compusieron sus vidas con todo lo que eso conlleva. Ahora, con el mar en calma, 33 personas de la misma cantera lograron reunirse para — los que pudiesen— contar canas.
«Es el cuarto año que lo hacemos y la vez que más gente vino», explica Fernández. Echa la vista atrás y explica que muchos de ellos eran descendientes de guardias civiles y trabajadores del embalse de Castrelo y de la carretera que fueron hasta allí para probar suerte. Unas pocas décadas después, Fernández dice que, paseando junto a sus amigas, se encontró a Julio Dabarca, un antiguo compañero de clase, y que ahí empezó todo. «Nos propusimos encontrar teléfonos e, investigando, vimos que había gente viviendo en Allariz, Santiago, Ordes, Vigo, Monforte, Redondela...Todos por Galicia, por suerte», asegura.
La antigua alumna indica que no fue «ni sencillo ni complicado» aunar teléfonos y que fue gracias a la labor de vecinos, amigos, cuñados, hermanos y a la prima de un marido por lo que pudieron recaudar nombres. «Hoy tenemos 65 años y hay personas que se marcharon de aquí con 20. Piensa que fuimos la promoción que inauguró BUP y EGB, así que fue muy bonito vernos de nuevo», añade. Entre las conversaciones que intercambiaron en el bar Caracas de Ribadavia, Fernández recuerda disertaciones muy interesantes sobre la infancia, los recuerdos y los guateques. «Todo muy positivo», asegura.
Fernández comenta que se quedó por la zona y que fue autónoma un tiempo, pero que entre las caras conocidas hubo maestros, opositores, trabajadores de fábricas, de la banca y «una que se dedicó a la pintura». Vidas cotidianas, que no incompletas. No obstante, entre el amplio abanico de decisiones y circunstancias, los 33 antiguos alumnos compartieron vivencias comunes. «Recordamos a profesores que se nos quedaron grabados. A los buenos y a los que nos metían caña», menciona.
Fernández explica que ya no puede acercarse más a estas reuniones porque tiene unas cosas pendientes en casa, pero asegura que eran todos muy buena gente y que, al parecer, lo han sabido mantener. «Ahora yo y más gente tenemos el pelo blanco. Fue muy emocionante», asegura.