Ribadavia se aísla con claras luces de alarma en la actividad de su pequeño comercio

Hosteleros de la villa aseguran que ahora solo trabajan para sobrevivir


ourense / la voz

La evolución de la pandemia del covid-19 también apretó con fuerza al municipio de Ribadavia en las últimas fechas. La consecuencia fue su entrada en el grupo de ayuntamientos con restricciones más duras, lo que no deja de ser otro golpe a la actividad comercial y -en especial- a la hostelería de la capitalidad de O Ribeiro. El cierre perimetral corta un vínculo muy arraigado con el resto de concellos de la comarca.

Así lo asevera Carlos Castiñeiras, al frente de La Huella del Gato, único local que se mantiene abierto en la plaza Maior de la villa: «El cierre en este momento nos pone todo muy cuesta arriba. En los primeros días ya se ha visto lo que esperábamos, porque al no poder contar con la clientela del resto de la comarca, la afluencia es muy baja. Ya solo trabajamos para sobrevivir». Y ese espíritu de subsistencia tampoco basta para evitar que otros autónomos se vean obligados a bajar la persiana, como explica el propio hostelero: «Aquí cerca sobre abre el restaurante de la pensión y es para darle la comida a sus huéspedes. El pequeño comercio lo nota mucho y nosotros vamos en esa línea. Ya tenemos una espada de Damocles sobre la cabeza desde hace tiempo».

El jaleo mercantil se centra en la jornada matinal y de hecho, algunas cafeterías abren únicamente en esa franja horaria. Un bajón que se nota especialmente por las tardes, aunque ayer desarrolló un cribado con test de covid-19, al que habían sido citadas 750 personas, de las cuales acudieron el 63,5 %. Ivanca Alonso llegó desde Esposende para participar en las pruebas. «A quienes vivimos en pueblos pequeños -explicaba- se nos pone todo más difícil con los horarios y las restricciones, pero sabemos que debemos hacer un esfuerzo para salir de esta pandemia». En su caso, se retiró un poco más confiada, después de que se anunciara su negativo en coronavirus.

Desde Carballeda de Avia procedía Rogelio Barreiro, que se fue con otro negativo en el bolsillo: «Siempre está bien que te lo confirmen, pero la verdad estábamos tranquilos en el pueblo. Allí trabajamos y después nos vamos a casa, no estamos muy expuestos, pero hay que tener cuidado». Y es que también es de los que cree en la necesidad de cumplir las normas: «Si hiciéramos lo que nos mandan, esto pasaría más rápido».

Polémica política

El cribado en el viejo colegio de la Alameda también tuvo su rifirrafe entre formaciones políticas. El PSdeG-PSOE denunció que el alcalde César Fernández «está a caciquear con listaxes de persoas para un cribado da Covid-19, pasando revista na porta». Recordaron además que esos listados solo podían estar en manos del personal sanitario y del Sergas: «É improcedente e reprobable que o PP estea a empregar a pandemia con fins partidistas outra vez».

Por su parte, el regidor -del Partido Popular-, argumentó al respecto que acudía a las tomas de muestras en su calidad de voluntario de Protección Civil: «Solo vine a echar una mano, para organizar la llegada de los vecinos y el cumplimiento de la distancia social, si a eso le llaman caciquear, ellos sabrán».

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