Unos ganan la libertad que otros pierden

Xinzo y Ribadavia se libran de las restricciones, que llegan a A Rúa y Sarreaus


ourense / la voz

No fue un sábado cualquiera. Al menos no para 20.215 ourensanos. 14.739 recuperaban la posibilidad de moverse fuera de los límites de sus municipios (los 9.715 de Xinzo y los 5.024 de Ribadavia); mientras que para 5.476 empezaba el cierre perimetral. Los 4.314 de A Rúa veían también cómo la hostelería bajaba la verja a las cinco de la tarde, mientras que en Sarreaus el sector cerró por voluntad propia ya el jueves. Sensaciones distintas, que se dejaban notar entre los vecinos.

Xinzo de Limia

«É impresionante, unha sensación espectacular». El sol radiante de mediodía alegró la jornada a los limianos que salieron a disfrutar del primer día después del cierre perimetral y con más tiempo de apertura de la hostelería. La capitalidad antelana estaba animada. Una charanga tradicional formada por músicos de la Agrupación Musical da Limia animó la jornada en la plaza y otras calles céntricas.

La banda firmó un convenio con la asociación Prolimia y, además de la animación, dieron vales de compra para adquirir material y ropa en el comercio local. «É a primeira vez que facemos festa en non sei canto tempo. É impresionante, unha sensación rara, espectacular. A xente ao te ver abre os ollos. A música é algo que a xente leva dentro e estaba reprimida», describe José Luis Tielas, el director. En la terraza de uno de los bares la pareja formada por Rosa y José Luis disfrutan de una consumición relajadamente. Las restricciones en la hostelería y el cierre perimetral fueron difíciles de llevar para ellos.

«Levámolo mal. Nós somos de saír todos os días. O peche perimetral afectounos porque os pais están noutros concellos e non podiamos ir velos», dice Rosa Prol. Para este fin de semana, tienen planes de visitar a los padres de ambos en Vilar de Barrio y Os Blancos. Y de cenar fuera el sábado, aunque más temprano para cumplir el toque de queda.

En la cafetería Rudi, su propietario, indica que por la mañana la gente tardó en salir, pero con el sol del mediodía se animaron. Durante el cierre, sirvieron cafés para llevar. «Estivemos aquí por non estar na casa», apunta. Teme que se vuelva a cerrar todo en Navidad. Sobre el cierre perimetral, indica que no se notó tanto porque en esta época del año la clientela que tienen es sobre todo de Xinzo. Lorena, que tiene una tienda de decoración, observa que este fin de semana se está notando algo más de venta navideña por parte de gente de fuera.

 Ribadavia

«La gente no sale a cenar si no tiene algo de diversión después». En Ribadavia se notó algo más de ambiente o vida en la calle y también funcionaron bien las terrazas al ser una jornada de agradable temperatura, decían en el café O Morto. En cambio, la restauración aún no ve los beneficios. «Está muy parado. Lo peor que nos pudieron hacer fue el cierre desde las 17.00 horas. Era mejor cerrar todo el tiempo y que ahora nos dejasen hasta las doce de la noche, porque si tienen que marchar a las 22.15 horas por el toque de queda, la gente no sale a cenar», opina Marcos Blanco, de A Comanda.

A Rúa de Valdeorras

«Péchannos na semana de máis ventas». En A Rúa solo se pueden juntar cuatro personas con las nuevas restricciones, aunque esta mañana tanto en el interior como en la terraza de algún bar se podía sospechar que hay quien no sabe contar... Eran algunos, que no la mayoría. También había quien en el bar, manteniendo las distancias y con la mascarilla puesta, comentaba la situación. «Mejor que nos cierren ahora un mes que no que nos vuelvan a meter en casa, que aquello fue horrible», comentaba una pareja. Claro que ya hay quien está pensando en saltarse las normas, y los rumores apuntan a que en Fin de Año hay quedadas en las bodegas para hacer fiestas privadas toda la noche y saltarse así el toque de queda. Y mientras, los comerciantes veían cómo les llega el cierre justo en la que es una de las semanas de más ventas. «A xente este ano non está saíndo moito a comprar, estaba esperando; e xusto nos van pechar na semana de máis compras», se lamentaba Marifé Gil, de Trapalladas.

Sarreaus

«A xente xa non estaba saíndo máis que para o necesario». Sarreaus estaba semidesierto. No suele estar muy concurrido los sábados y menos con el cierre decretado por los 46 casos de coronavirus. Solo se ven pasar algunos vehículos y las furgonetas de reparto de pan. La farmacia Escofet es el único establecimiento abierto en el centro de la localidad.

Los vecinos ya se estaban recogiendo en sus casas desde que se supo que había tantos casos. «A xente xa non estaba saíndo máis que para o necesario, case non era necesario o peche perimetral. Os dous bares están pechados; no que saíron os primeiros casos levaba máis tempo cerrado», cuenta Jaime Escofet, el farmacéutico. Entre los infectados hay gente mayor que necesitó hospitalización y jóvenes prácticamente asintomáticos, indica. Hasta la farmacia se acerca José Manuel Alonso, vecino de Lodoselo, que trabaja en un taller mecánico. «Agora hai menos movemento. Hai algo de respecto porque non se sabe como vai reaccionar», apunta. Opina que el Concello actuó bien informando y pidiendo a los vecinos que se encerrasen en sus casas.

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