Una nueva vida para Sköll

Un cachorro que fue dejado a su suerte en un contenedor ha sido acogido por una familia de Ribadavia


ourense

Por el paseo que bordea el Náutico de Castrelo de Miño camina, se tambalea -y trepa por los pantalones- un cachorro de apenas un mes de vida y que a punto estuvo de perderla en un cubo de la basura en Vigo. «Estaba mojado, muy frío y con el cordón umbilical aún sin cicatrizar», cuenta Alexia Cachinero, la joven que lo halló en un contenedor hace un mes.

Alexia ya tiene dos perros, así que tanteó la opción de que alguna asociación o protectora se hiciese cargo, pero su búsqueda tuvo frutos a través de las redes sociales. «Cuidar del animal exige darle de comer cada dos horas, y hay instalaciones que no están preparadas para ello», expone. Y se topó con la ilusión de Antía Reboredo, una vecina de Ribadavia que asumió la responsabilidad de darle una nueva vida a Sköll. «Camilo, o meu fillo, quería un can. E xustamente agora que se vai a Santiago a estudar Psicoloxía e eu quedo soa decidimos adoptalo», cuenta.

La noche anterior, Antía se despertó a las cuatro de la madrugada para atender al animal, que ahora ya se aventura a explorar mundo fuera de su mochila portátil. Ocupa poco más que la palma de una mano y aún no saben a ciencia cierta de qué raza es, pero intuyen que es mestizo. «El veterinario dijo que, por el tamaño de sus patas, previsiblemente será grande», dice Alexia. Por el momento, y aprovechando que aún no lo es, Sköll se cuela entre las piernas de los presentes y juguetea con los cordones de los zapatos.

Antía sostiene que «tivo sorte». La hipotermia pudo haber acabado con él e incluso tiene un pequeño golpe en la zona trasera, suponen que por el impacto de cuando fue arrojado al interior del contenedor. «Tenía dos o tres días cuando lo encontramos. A los quince empiezan a ver formas borrosas», explica Alexia.

Antía y Camilo inciden en la importancia de no embarcarse en este tipo de retos si una persona no está verdaderamente concienciada de lo que implica. Es decir, que las ganas y el cariño por el animal no se pierdan de buenas a primeras. «Hai que asumir que tés unha obligación con el. E que deberás adaptarte en moitas ocasións ós seus ritmos e horarios», dice Antía. Ella lo compara, salvando las distancias, «cun bebé». Y el aprecio al perro también ha motivado que Alexia haya seguido en contacto con la nueva propietaria, con la idea de hacerle una visita a Sköll más adelante.

Fue Camilo el que se decidió a ponerle el nombre, inspirado en la mitología escandinava. En los países nórdicos, Sköll era un lobo, hijo de Fenrir, que perseguía a los caballos de la diosa Sol para no dejarla escapar. Las imágenes tradicionales de ambos sugieren fiereza. Nada más lejos de la realidad momentánea del cachorro, que bosteza a ratos y avisa a Antía de que, en breve, necesitará reponer fuerzas.

«Cando ten fame e sabe que lle vou dar de comer, eu baixo a man e el levanta as patas para subirse a elas e eu poder levantalo», explica Antía. Sköll ya toma comida sólida con el biberón y ve el mundo que lo rodea después de los quince días en los que el animal, tras el parto, va abriendo paulatinamente los ojos. Mientras le hacían fotografías el día de la entrevista, Sköll los cerraba y alzaba su cabeza hacia el cielo, como si estuviese buscando la luz del sol. Y quizá, como en su particular mito, para intentar atraparla.

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