«En Canadá refuerzan lo bueno de cada alumno en lugar de fijarse en las notas»

Seis profesoras ourensanas viajaron a Ottawa para conocer el sistema educativo con una bolsa de la Xunta


ourense / la voz

Tiene uno de los sistemas educativos más descentralizados a la par que una de las sociedades más multiculturales del mundo. Y, sin embargo, Canadá ha conseguido desde el año 2000 resultados en el rendimiento escolar de sus alumnos que lo sitúan en los primeros puestos de todas las evaluaciones internacionales. «Trabajan mucho para conseguir la autonomía del alumno y el respeto entre unos y otros durante la Primaria e Infantil, mientras que aquí estamos más centrados en los contenidos y lo curricular» explica la profesora de Primaria del colegio de Ribadavia Raquel López.

Ella y otras cinco docentes ourensanas participaron en el último Programa Integral de Aprendizaje de Lenguas Extranjeras (Piale) que promueve la Consellería de Educación, y realizaron una inmersión lingüística durante un mes en centros de Ottawa (Canadá). «En cuanto a contenidos están mucho más liberados. Si el niño es de cuarto o quinto y no se sabe las tablas de multiplicar no pasa nada porque lo que intentan es que sepa dónde buscarlas y utilizarlas. Les enseñan a conocer los recursos que están a su alcance y a aplicarlos», añade la docente.

«Se centran más en reforzar lo bueno de cada alumno que en evaluar por notas. Los invitan a pensar y a hacer trabajos con temas que les interesan para desarrollar destrezas y exponerlos oralmente. Parece que el objetivo principal que tienen es formar ciudadanos autónomos», comenta Amparo Vázquez, docente de Secundaria del instituto As Lagoas.

Ana González -profesora de Primaria del colegio Rosalía de Castro en Xinzo de Limia- confiesa que conocer la realidad canadiense le resultó impactante. «El primer día sales pensando que o en España trabajamos mucho o en Canadá no trabajan nada», afirma entre risas.

El ratio de alumnos por clase es similar al de aquí, pero cambia si los componentes de la división son estudiantes por profesor. «En algunos centros hay tres maestros por aula e incluso están mezclados los alumnos de primero con los de segundo, los de tercero con los de cuarto y los de quinto con los de sexto», puntualiza Raquel López.

Las horas que se imparten de cada asignatura varían de unos centros a otros como también lo hace el idioma -inglés, francés o ambos- en el que se hace. Los padres son los que eligen la lengua en la que quieren que estudien sus hijos y dependiendo de ello los matriculan en uno u otro centro.

Los comedores no existen en los colegios, cada uno se lleva su comida en un táper. «Está prohibido el contacto físico, nadie toca a nadie, y tampoco se pueden hacer preguntas personales», destaca Lorena Ramos, profesora de Primaria en el colegio Mondariz de Pontevedra. Aunque también señala que en el centro que le asignaron a ella -ubicado en una zona humilde de la capital- se hacía la vista gorda y no se les reñía a los pequeños.

El programa implica que durante un mes los docentes visitan centros canadienses y conviven con familias del país para que la inmersión cultural sea total. Fue precisamente gracias a esto como Silvia Iglesias, también profesora del colegio plurilingüe de Ribadavia, percibió que el gremio allí está más unido. «El padre de la casa en la que yo estaba era profesor también y me comentó que llevaban tres semanas en huelga porque eran conscientes de que tenían la capacidad de parar el país y conseguir que la Educación no empeorase», subraya.

Profesores, padres y cargos públicos se reúnen una vez al mes para evaluar el sistema

La formación del profesorado también es diferente en Canadá. La carrera es de cinco años y mientras la están cursando la mayoría realizan prácticas -sirviendo a su vez de apoyo para los profesores titulares de cada curso- cobrando una pequeña cuantía. Aparte, los que están en el último año de universidad completan sus créditos de libre configuración con horas de docencia. «Pueden trabajar hasta en dos centros a la vez y sus clases son de setenta minutos con cinco entre cada una para descansar. Pero son clases muy dinámicas», explica Amparo Vázquez. «Que estén socialmente más valorados que aquí también implica que tengan que trabajar mucho más y le dediquen muchas horas», añade. A lo que Ana González apostilla: «Nosotros aquí aprendemos a base de prueba error, lo que te funciona lo sigues aplicando y lo que no lo descartas y piensas otro método».

Para evaluar lo que se está haciendo bien y lo que no, profesores, alumnos y delegados del gobierno por zonas mantienen encuentros una vez al mes. «Se preguntan en qué pueden mejorar porque para ellos es importantísimo -incide Lorena Ramos- y la sociedad respeta la figura de la persona que está contribuyendo a la preparación de sus hijos».

Solo hay un aspecto en el que parece que España le lleva la delantera a Canadá en materia de Educación: la utilización de las nuevas tecnologías en las aulas. «Las utilizan muy poco y con objetivos diferentes, puede haber cinco o seis ordenadores por clase», cuenta Belén González del colegio Feliciano Barrera en Ponteareas. Aunque hay un asunto en el que nos llevan bastante ventaja. «Todos los días cantan el himno como método integrador. Allí la bandera se usa para unir en lugar de para marcar diferencias», finaliza la docente.

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