«Esto hay que verlo desde la pasión, no desde la rentabilidad»

El negocio, que lleva abierto desde 2007, demanda mejores servicios municipales para poder crecer


OURENSE / LA VOZ

La casa rural Ramirás, situada en el pueblo de O Viso, es una de las veteranas de la comarca de Celanova. Abrió las puertas hace doce años gracias a la iniciativa de la familia de Pilar Fernández Santamaría. «Es la casa familiar, del siglo XIX, y no queríamos dejar que se cayera, así que pensamos que esta opción sería una alternativa viable». Solicitaron una ayuda del plan Leader con la que sufragaron el 30 % del coste del proyecto, y abrieron el negocio. «Creímos que igual que nos pasa a nosotros, a mucha gente le gustaría venir a ver el valle de Ramirás, a disfrutar de la naturaleza. Abrimos en el 2007 y desde entonces hemos ido siempre creciendo, hasta hace dos años; desde entonces estamos estancados», reconoce, añadiendo que «este es un negocio de muchísimo trabajo, de mucha dedicación y que no te permite vivir de él exclusivamente; si vas a hacer las cuentas al final de año, ves que no salen porque gran parte del año no hay gente».

Cuenta Pilar que los precios de la casa se mantienen casi intactos desde hace diez años, aunque los gastos para ellos «se han triplicado». Además, ahora es obligación estar en plataformas online de reservas, lo que tiene un coste, y también tener a un informático. Son más gastos frente a unos ingresos que apenas crecen.

Con otras particularidades. «Cuando abrimos los fines de semana eran viernes y sábado, ahora solo es el sábado, así que si de siete días solo trabajas uno, imagínate. Esto no hay que concebirlo como un negocio en sí, sino como una actividad que te tiene que gustar y que la tienes que hacer desde la pasión y no desde los números, nosotros todos tenemos trabajo fuera», explica.

Ella, su hija y su yerno, que lleva la cocina, se encargan de la casa. Para Pilar es un negocio que «no puede morir», pero reclama más ayuda, y no se refiere al dinero. «Necesitamos servicios. Los concellos, que son el organismo más próximo, son el primer eslabón que no puede fallar, tienen que tener especial sensibilidad para ayudar a todos los establecimientos turísticos, que al fin y al cabo somos agentes dinamizadores del rural», afirma la propietaria de la casa. En su caso, lamenta que sus clientes cuando visitan la aldea, lleguen con comentarios del tipo «qué pena de pueblo, está muy abandonado». Y esa parálisis inversora pone en riesgo proyectos. «Una de las cosas que más valoran los clientes es nuestra comida y por eso nos gustaría abrir un restaurante, pero sé que no me van a arreglar la calle», lamenta. «Soy una isla de belleza en medio de mucha fealdad, porque tengo ruinas enfrente, tubos, un pueblo casi a oscuras», critica Pilar, que advierte de que al cliente no solo se le puede ofrecer una habitación. Hay que ir mucho más allá.

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«Esto hay que verlo desde la pasión, no desde la rentabilidad»