En Porqueira, carretera y claxon para abastecer a los vecinos confinados

En el municipio de A Limia, con 27 casos activos, miembros de Protección Civil recorren las parroquias para ayudar a los afectados


ourense / la voz

Emilio González, residente en Porqueira, es uno de los miembros de Protección Civil que recorre estos días el municipio para asistir a los vecinos que se encuentran confinados a causa del coronavirus. En este pequeño concello de A Limia, de 823 habitantes y con medidas de nivel máximo a causa de la incidencia acumulada en las últimas semanas, se contabilizaban ayer 27 casos activos. «Imos polas parroquias botando unha man á xente que está illada nas súas casas», cuenta González.

En núcleos parroquiales como San Lourenzo, por ejemplo, se detuvieron el jueves para dejar bolsas de alimentos y medicamentos. No siempre se trata de casos positivos ya confirmados, sino de contactos estrechos que están en cuarentena preventiva. Con todo, atendiendo a los datos que contabiliza el Sergas en los últimos días, la curva en el concello parece ir frenando poco a poco. El día de Año Nuevo había tres infectados y, desde entonces, el goteo de nuevos casos fue constante hasta llegar al sábado de la semana pasada, cuando las autoridades sanitarias informaron de que ya había 16 afectados. El pico se registró este miércoles, cuando había 29. Ahora, impera la cautela.

Susana Vázquez, alcaldesa de Porqueira por el Partido Popular (PP), constata que «el foco está muy controlado actualmente». «Este viernes, los casos cayeron en dos y estamos esperando a que más gente dé negativo en sus pruebas diagnósticas», agrega. Mientras, en el municipio suman esfuerzos para que ninguno de los confinados se quede sin asistencia. «Estamos llevando comida y cena a muchas de estas personas, que se encuentran solas», indica Vázquez.

En este sentido, desde la residencia de la tercera edad de Porqueira, gestionada desde el propio Concello, están haciendo más menús de los habituales precisamente para llevarlos a los domicilios de los afectados. En algunos casos, se trata de vecinos en edades ya avanzadas. «Se están repartiendo por los pueblos a todo aquel que lo necesite», dice Vázquez. Los trabajadores de Protección Civil como Emilio, que estiman en casi 30 los pueblos que hay en el municipio, echan horas en la carretera para dejar bolsas en las puertas de las casas y que nadie se quede en la estacada. A veces, les basta con tocar un par de veces el claxon antes de continuar su ruta.

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