Primero, Maldito; después, Renacido

El ex director técnico del Ribeiro lleva a la etiqueta de sus vinos su estado de ánimo


ourense

En dos etiquetas ha expresado Pablo Vidal Rodríguez (Ourense, 1971) su estado de ánimo en los últimos meses. Empezó declarándose «Maldito». Y aunque pronto se sintió «Renacido», decidió no renunciar a aquel momento. Se estrena en el complejo negocio del vino con dos marcas, Maldito y Renacido, que son, respectivamente, un Valdeorras y un Ribeiro, en los que ha puesto sus conocimientos para que acaben convertidos en tragos singulares. Ha contado para ello con instalaciones ajenas en Petín y Leiro. Lo cual no es nada nuevo, dicho sea de paso, pues marcas hay -alguna incluso reconocida con altísimas puntuaciones en guías conocidas- que son fruto de producciones que no pasan de una o dos barricas, o un pequeño depósito, que se somete a alguna elaboración diferente por algún enólogo de campanillas.

Que Pablo Vidal haya optado por esta vía cae dentro de lo normal. A fin de cuentas, se trata de alguien que conoce el terreno, con muchos años de aprendizaje del mundo real, como el que se llega a desmenuzar desde el interior de un consejo. Para lo bueno y para lo menos bueno.

Creció este ingeniero agrónomo en el órgano rector de la denominación de origen Ribeiro, donde pasó dieciocho años: primero como veedor y luego como técnico de calidad y promoción, para acabar como director técnico, gestor de calidad y secretario del comité de certificación y calidad. Hasta que el pasado mes de junio le dieron la carta de despido. Bien sabía que su forma de trabajar no gustaba a todo el mundo, pero tampoco lo esperaba. Quiso huir. Qué mejor destino que Valdeorras, pensó, ya no solo por ser tierra de vinos y de futuro, sino también por una razón geográfica. Puestos a alejarse de su escenario, el destino estaba cantado. A la otra punta. Allí, en tierras de Petín, mimó un vino que es «fruto del desarraigo y de momentos difíciles». Le queda la satisfacción de que el consejo hubiera admitido que la medida disciplinaria contra él era improcedente, por lo que lo indemnizaron, pero el despido le dolió entonces. Dice que la ha superado, pero la cicatriz aún permanece. «Fue mucha tensión acumulada. Los conflictos, apremios y estrés acababas llevándotelos a casa. Fueron años de lucha para evitar que los intereses particulares rompiesen el equilibrio que debe de reinar en una denominación de origen, años de entregar media vida profesional. Al final todo se desvanece, sin ningún tipo de explicación, sin reproches ni siquiera expedientes previos».

En aquel momento, rememora ahora con distancia, «me di cuenta de que ya había perdido demasiado tiempo y decidí que no merecía la pena seguir luchando por intereses de quienes no te valoran, que debía marchame a otro lugar y recuperar la ilusión». Ahí se forjó el primer Maldito.

El técnico, que en su papel de predicador profesional de las excelencias del Ribeiro había invocado en más de un ocasión el reto de los vinos de guarda, se encontró de golpe con la posibilidad de tener sus propios vinos y dar forma a lo que durante muchos años había sido su sueño imposible. No podía aspirar entonces a algo así como empleado del consejo. Liberado de compromisos laborales, una vez que el consejo renunció a justificar el despido, llegó Renacido.

Sacó pecho con este segundo vino. Es el fruto de la «calma tensa y del sosiego que aporta la superación y reconciliación con tus raíces», según dice en la etiqueta de este blanco que acaba de entrar en botella y ya está en disposición de salir al encuentro de quienes viven con interés todos los movimientos que se producen en este sector. Ver si Pablo Vidal ha sido capaz de elaborar unos vinos que alcancen la calidad y el nivel que él reclamaba en su anterior papel de examinador, tiene su punto.

Plurivarietales. Su primer vino es tinto de Valdeorras. Mencía, fundamentalmente, pero con aportaciones de otras variedades. Para el blanco eligió Ribeiro sobre la base de la treixadura, pero con algo más. Busca, en los dos casos, el toque personal y trata de hacer vinos con tengan una vida tan larga como venturosa.

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