Resistencia en la Galicia que esmorece

Los cuatro nacimientos previstos para este año suponen un «baby bum» en Parada de Sil, donde no se registraron tantos niños juntos desde hace tres lustros

En todo el año pasado, nació Adrián. En el 2015, nadie. El 2014 fue el año de Álex. El anterior, el de Carla. En los tres precedentes, Parada de Sil no apuntó ni un solo nacimiento. Tiene el peor registro en la última década, con siete, de todos los municipios gallegos. En ese mismo período, las campanas repicaron aquí por difuntos 150 veces. Una debacle demográfica para una población que ronda los seiscientos habitantes y en la que los niños pueden contarse con los dedos de las manos. Pero este año es distinto: cuatro nacimientos.

Resistencia en la Galicia que esmorece Los cuatro nacimientos previstos para este año suponen un baby boom en Parada do Sil

«Onde eu vivo só estamos eu e os meus irmáns» lamenta pizpireta Manuela. A su lado, Jenina fantasea con lo que será de mayor: «piloto de aviones no estaría mal». Uxía se confiesa preocupada por haberse olvidado la tabla del nueve. Se han juntado casi todos en la plaza del pueblo. «Yo solo veo a otros niños cuando voy al colegio», cuenta Luis. Viven esparcidos en las distintas parroquias.

En junio nació Lucas. Es el primer hijo de Yolanda, la alcaldesa. Para octubre, Sonia espera a Alma. Leticia será madre en diciembre. «Este ano puxémonos todas de quero e a ver se remontamos algo», sonríe Rosa. Dará a luz a la pequeña Alicia en solo unos días. Trabaja en un geriátrico que, con más de una veintena de trabajadores, es la mayor empresa de Parada. La metáfora de los tiempos. Paradójico, allí espera también Ana, una auxiliar, al primer bebé que verá llegar Parada en el 2018.

«Eu que expliquei xeografía durante trinta e cinco anos nun instituto creo que isto é un auténtico baby bum», relata Francisco Magide, edil de Cultura. Razones no le faltan. Hacía prácticamente tres lustros, desde 2003, que el pueblo no veía nacer a cuatro niños juntos.

«A ver si ahora con este repunte conseguimos abrir una guardería que nos cubra al menos las horas de trabajo. Vamos a tener que lucharlo mucho» suspira Rosa. El mismo estribillo que corean las futuras madres.

Y es que, paralela a la pérdida de población, llegó la pérdida de servicios. La guardería más próxima está en Castro Caldelas, a unos veinticinco kilómetros. Y el pediatra. El colegio también, tras haberse cerrado el del vecino Montederramo hace tres cursos por falta de niños. «Só quedaban cinco, os meus fillos e os dos meus irmáns» recuerda Patricia. «Los niños tardan una hora en autobús en llegar hasta allí, cuando son muy pequeños se hace duro», apunta Genma. Su hijo Álex será el siguiente en tomar ese bus. «Se houbera máis traballo, seguro máis xente nova se animaría a vivir aquí e ter fillos».

El turismo atrae hasta aquí a unos 40.000 visitantes al año. Lo refleja el conteo de tiques del Monasterio de Santa Cristina. Y el clavo ardiendo al que se agarran para crecer. La vivienda en alquiler escasea. La cobertura de teléfono móvil e Internet no ayuda. Pero todo tiene arreglo. Parada se resiste a no renacer. Sería el primer paso para asumir su propia muerte.

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