Rakel Camacho, directora teatral: «Como dice Petra: 'El ser humano necesita a los demás pero no ha aprendido a convivir'»

María Cobas Vázquez
maría cobas OURENSE

OURENSE CIUDAD

La directora Rakel Camacho.
La directora Rakel Camacho.

Dirige «Las amargas lágrimas de Petra von Kant», que mañana llega al Teatro Principal de Ourense

11 jun 2026 . Actualizado a las 23:21 h.

En los años 70, Rainer Werner Fassbinder sacudió la Alemania de entreguerras con una historia de amor lésbico que habla también de soledad, sometimiento y dominación, titulada «Las amargas lágrimas de Petra von Kant». La directora Rakel Camacho revisita el texto desde una mirada contemporánea. Protagonizada por Ana Torrent, la obra llega mañana (21.00 horas) al Teatro Principal de Ourense.

—¿Qué se va a encontrar el público?

—Una historia muy atemporal y muy conocida a través del cine, de la película de «Las amargas lágrimas de Petra von Kahn», del año 72. En ese momento fue algo muy revolucionario porque era una historia de amor, de sexualidad entre mujeres. Una de los ideas centrales es que las relaciones amorosas se pueden convertir en relaciones de poder bastante tóxicas y desequilibradas si responden a una necesidad social. Es una de las ideas centrales de la obra y está también latente en el espectáculo, donde la actuación es extrema y he introducido también música. Es muy importante la relación con las canciones y con la coreografía. Hay una escenografía muy sugerente que es toda de espejos, que cumple también la función de pasarela. El espejo como el lugar donde nos miramos para reconocernos en el otro. Además, en la versión original aparecen seis mujeres que aquí son cinco porque fundí la hija y la madre de Petra von Kahn.

—¿El espejo son esas cinco mujeres?

—Sí. Esas cinco mujeres responden a roles muy diferentes: la conservadora, la hipócrita que es mantenida por el dinero, Petra von Kahn que se divorcia y busca desesperadamente el amor... Es una mujer que sufre mucho por amor, que realmente no sabe amar, que quiere poseer, porque es una mujer de éxito que está acostumbrada a poseerlo todo. Se enamora de Karim porque representa esa baja clase social y esa libertad a la que ella formó parte algún día. Y luego está también el personaje de Marlene, la asistenta misteriosa que lo dice todo sin decir absolutamente nada.

—Relaciones tóxicas, desigualdad... Años 70, pero podría ser hoy.

—Es un clásico y como tal tiene esa función, ser un texto atemporal e imperecedero. Y poder estar hablando de él en cualquier momento de la historia. Hacer una historia de mujeres hoy en día no es relevante, está más normalizado.... Aunque tengo que decir que en algunos teatros no se ha programado la obra porque es una relación lésbica.

—¿Pero se lo han dicho así?

—No, pero ya nos conocemos. Una obra con Ana Torrent, con este maravilloso elenco, este maravilloso texto, la dirección que es espectacular, toda la obra está haciendo un éxito tremendo... Si no te programan es porque no quieren.

—Citaba a Marlene, la asistenta silenciosa. En un momento en el que todo el mundo habla y se queja, ¿cómo se dirige el silencio en escena?

—Es la parte de la escucha. La escucha necesita silencio. Entonces las frases, las cosas que se dicen son como grandes losas. Hay grandes sentencias en la obra. Como dice Petra Von Kahn: «El ser humano necesita a los demás, pero no ha aprendido a convivir». Hay cosas muy potentes que se dicen y son breves. Entonces hay una escucha y un silencio y una expectación, en el caso de Marlene, que deja que esas frases tengan su fuerza y su relieve dentro de la obra.

—La obra aborda las relaciones del poder, el sentimiento y cómo el amor a veces se convierte en una moneda de cambio. ¿Es una advertencia de nuestras miserias afectivas?

—Sí, yo creo que es una bajada a los infiernos, al interior de Petra. A diferencia de la obra o la película, que acaban de una manera muy tajante, para mí hay un proceso de transformación en Petra Von Kahn, de manera que empieza a ver el mundo de otra manera, con el aprendizaje y la aceptación de asumir quién ella es. Hay un proceso de autoconocimiento, de que todo ese castillo de naipes, ese palacio de cristal en el que ella vive, se puede quebrar en cualquier momento, haciéndole resurgir y volver a nacer. De hecho, tiene un instinto suicida, habla de la muerte, que quiere dejar de sufrir. Fassbinder tuvo varios intentos de suicidio y finalmente murió de sobredosis; y parece que fue también un suicidio. Petra Von Kahn tiene mucho que ver con la historia de Fassbinder. En la obra de teatro hay un renacer de Petra, al final hay una imagen que habla de un nuevo comienzo.

—¿Esa nueva andadura acaba siendo también un punteo de inflexión y reflexión para el público?

—Sí. Hay un pequeño epílogo, muy breve, de cómo ella mira ya su casa hecha pedazos. Pero sí, yo creo que se comprende que ahí no acaba la historia, que las historias no acaban, que se transforman.