Relevo generacional en una librería histórica de Ourense: «Es todo un regalazo»

Cándida Andaluz Corujo
Cándida Andaluz OURENSE / LA VOZ

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José Ramón Martínez Blanco, Moncho, y Rut Martínez Viso, propietarios de la librería Tanco de Ourense
José Ramón Martínez Blanco, Moncho, y Rut Martínez Viso, propietarios de la librería Tanco de Ourense MIGUEL VILLAR

Tanco inicia un nuevo ciclo con el cambio de local y la sucesión familiar

01 jun 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Tanco forma parte de la memoria colectiva de varias generaciones de ourensanos. Más que una librería, es un emblema cultural de la ciudad, un espacio ligado durante décadas a su vida intelectual y cotidiana. Este proyecto arraigado en la capital inicia una nueva etapa. José Ramón Martínez Blanco, Moncho, cede el testigo a su hija Rut Martínez Viso en un relevo generacional que busca mantener intacta la esencia de un negocio que ha sabido reinventarse sin dejar de ser reconocible. «Siempre supe que iba a acabar aquí», dice Rut con la naturalidad de quien habla de algo que nunca estuvo realmente en duda. Su padre lo confirma: «Esto lo tenemos hablado de siempre».

El relevo llega después de casi 45 años de trayectoria de Moncho, un hombre que llegó al universo del libro de manera casi accidental. Nacido en 1961 en Calvos de Randín, su infancia transcurrió en una Galicia rural muy distinta a la de hoy en día. «Sin luz, ni agua ni calefacción», se apresura a puntualizar. A los ocho años se trasladó a Ourense para estudiar. Su futuro parecía orientarse hacia otro lado. «Casi me tenían convencido para ir a la policía», recuerda. Pero, añade: «Vino mi hija por el camino. Y entonces ya variaron todos los planes». Ese cambio terminó llevándolo a Tanco, cuando el establecimiento de imprenta y papelería se encontraba en la calle del Paseo. «Cuando llegué no tenía ni idea, tengo que ser sincero. Aquello me parecía una locura», relata. La tienda de entonces era un comercio muy distinto al presente, centrado más en la imprenta y la papelería. No había internet ni bases de datos digitales. «Era todo de cabeza», explica. Y con el tiempo tuvo que aprender títulos, autores, editoriales y distribuidores de memoria.

A principios de los años 90, Moncho y su socio se hicieron cargo de la librería, al jubilarse los propietarios, y en 1998 abrió sus puertas en la calle Cardenal Quevedo. Con el tiempo, aquel trabajo fue más que una profesión. «Me convirtió en otra persona distinta. Hasta entonces mi vida giraba alrededor del fútbol y poco más. Me abrió un nuevo horizonte». En ese recorrido, Tanco también tuvo que adaptarse a muchos cambios, mientras Rut ya jugueteaba por el local. Moncho vivió en primera persona la llegada de la tecnología al sector o las diferentes revoluciones del ámbito editorial, entre otras muchas circunstancias que fueron golpeando, a veces para bien y otras no tanto, las labores en estos espacios. Pese a ello, sigue defendiendo que estos centros deben evolucionar: «No pueden estar quietas». Esa idea es la que guía la nueva etapa de Tanco: nuevo local —a pocos metros del antiguo—, más espacio para actividades, encuentros, lectura infantil... «No es una cafetería con una pequeña sección de libros; es una librería con una pequeña cafetería», puntualiza Rut que subraya que la idea del cambio fue de su padre. Aunque no hubiera sucedido si ella no hubiera dado un paso al frente.

La relación de la hija con Tanco empezó mucho antes de incorporarse profesionalmente. «Yo iba a verlo muchas veces de pequeña», recuerda sobre las visitas a su padre en la antigua tienda. En casa, los libros formaban parte del paisaje cotidiano. «Teníamos una biblioteca muy grande, que era de mis abuelos», explica. Así, la lectura y el establecimiento siempre estuvieron presentes en su familia. Aunque hacía tiempo que el relevo era casi un hecho, se retrasó durante años. No por falta de interés sino por prudencia. «Siempre me echó para atrás empezar a trabajar con mi padre y que nuestra relación no fuera como la que fue en todo momento», explica Rut. Moncho observa ese proceso con más tranquilidad.

Finalmente entendieron que el momento era ahora. «Tanco es Moncho y Moncho es Tanco y para mí esto es todo un regalazo y una gran responsabilidad», admite Rut. «Le quedan unos años, los justos para que me pueda enseñar bien y después seguir yo», dice la joven ante la mirada sonriente de un padre agradecido por poder dar continuidad a un proyecto que nace del corazón.

«No puedes llegar a una empresa y querer cambiarlo todo a tu manera»

La clave del traspaso que se está gestando en Tanco se basa en el aprendizaje. «No puedes llegar a una empresa y querer cambiarlo todo a tu manera», sostiene Rut. Su idea no es transformar la librería, sino comprender primero qué la convirtió en una institución cultural para varias generaciones de ourensanos y aprovecharlo. Moncho no duda: «Lo va a saber llevar. Tiene el carácter para atender a la gente, es amable, sabe estar y se involucra mucho». Unas cualidades que ambos comparten. «Nos parecemos mucho», dice Rut. En este punto el padre relata los secretos del trabajo de cara al público: la amabilidad, la paciencia y ser algo psicólogo. Y eso que en el caso de este negocio muchos de sus clientes son ya familia.

Después de 45 años entre mostradores, autores y lectores, su conclusión es sencilla: «La cultura es lo último que se debería perder». La librería Tanco cambia de generación, pero no de esencia. Porque algunas historias familiares, como es el caso, no se heredan, se continúan.