Tres nuevos sacerdotes en la diócesis de Ourense: «Doy gracias a Dios por este don inmerecido que me regaló»
OURENSE CIUDAD
La celebración tuvo lugar en la iglesia del Seminario Mayor, llena de familiares, amigos y miembros de la curia
31 may 2026 . Actualizado a las 05:00 h.La celebración de la ordenación de tres nuevos sacerdotes de la diócesis de Ourense congregó en la iglesia del Seminario Mayor a la curia ourensana y a familiares y amigos de los neopresbíteros que llenaron la capilla. Carlos Barreira, de 24 años y natural de la parroquia de Santa Cruz de Terroso (Vilardevós), Francisco Blanco (24), de Santiago de Vilamaior do Val (Verín), y Jaime Vales (25), ourensano de la parroquia de la Inmaculada, se presentaron con un «aquí estoy» cuando fueron llamados como candidatos. El rito preparatorio incluye preguntas que concluyen que se les considera dignos.
La eucaristía se celebró con solemnidad, con las oraciones cantadas por un coro armónico, potente y entregado, y con unos fieles participativos que hicieron que fuese una misa muy vivida. El obispo de Ourense, monseñor Leonardo Lemos, instó en su homilía a los aún ese momento diáconos a ser buenos administradores, sensatos y sobrios para la oración. Se refirió a la encíclica del papa León XIV sobre el daño que causan las nuevas tecnologías y les recomendó ser «sacerdotes accesibles».
A continuación, los candidatos manifestaron su disposición y su voluntad de ponerse al servicio de Dios y se arrodillaron ante el obispo; prometieron «respeto y obediencia» tanto al prelado actual como a sus sucesores. Comenzó la parte central del rito, con los aspirantes postrados en el suelo como símbolo de total entrega, mientras se cantaban las letanías a los santos.
En medio de un silencio total, se realizó la imposición de manos, primero por parte del obispo, seguido de todos los demás presbíteros, que acercaron uno a uno sus manos a las cabezas de los tres jóvenes. Después, fueron revestidos sobre sus túnicas con sus vestimentas propias de sacerdote, una casulla blanca, como la que portaban el resto de los curas, y una estola que sustituyó a la banda diaconal. Se les ungieron las manos, para que consagren y bendigan, y se les hizo entrega simbólica de un cáliz y una patena para oficiar la eucaristía. Para terminar, recibieron un abrazo del obispo, y de cada uno de los curas, como acogida en la familia sacerdotal. Los neopresbíteros se colocaron entonces al lado del obispo para continuar con la misa.
Al salir de la iglesia, fueron recibidos en un paseíllo, y fue el momento de las fotos con compañeros, amigos y familiares. Jaime Vales supo que quería sacerdote con doce o trece años. Vivió la ordenación «con mucha emoción y muchos nervios y, sobre todo, dándole muchas gracias a Dios por este don inmerecido que me regaló». Los tres han sido compañeros de clase desde la ESO en el Seminario Menor, contó Carlos. Tras profundizar en su fe, continuaron los estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor. Francisco se declaró muy emocionado de compartir la ceremonia con amigos, familia y diócesis. A partir de ahora esperan que el obispo les mande un destino.