Pasó de trabajar en una camisería de la calle de la Paz a abrir su propio negocio, en 1967
27 mar 2026 . Actualizado a las 19:10 h.A Antonio Fuentefría Pereira lo despidieron este viernes en San Miguel de Campo, el pequeño pueblo de Nogueira de Ramuín donde tienen sus raíces muchas familias de joyeros ourensanos. Falleció a los 91 años, después de toda una vida dedicada a su familia y a su negocio. Dentro de poco el emblemático comercio ourensano que empezó con él en la calle Cardenal Quiroga -y que ahora sigue con su primogénito en un local de la calle Lamas Carvajal- cumplirá sesenta años de historia. Durante décadas Antonio estuvo detrás del mostrador de la joyería Fuentefría, aconsejando a los clientes que acudían a buscar una pieza especial. Con voz tranquila, delicadeza y paciencia dedicaba el tiempo necesario a enseñar pendientes y anillos, relojes o gargantillas. Eran años en los que los ourensanos acudían en busca de consejo para una adquisición especial que se convertía en patrimonio familiar. Así, Fuentefría ha estado presente en muchos momentos importantes (de bautizos a comuniones pasando por pedidas de mano o bodas) de cientos de familias. Su mujer Gloria también fue parte fundamental de la historia de la joyería, en la que en cierto modo se criaron sus hijos, Antonio, Carlos y Gloria.
Los tiempos fueron cambiando y el comercio se fue adaptando. Antonio empezó a atender a los hijos de sus clientes. En el año 2000 su hijo mayor decidió acompañarlo al frente del negocio, para acabar dándole el relevo. El padre no ocultaba su satisfacción, como contaba en un reportaje publicado en La Voz: «Siempre quise que alguno se dedicara al negocio, sobre todo por lo mucho que a mí me gusta. Nunca quieres pensar que lo que tanto trabajo te costó montar puede acabar tirado por la borda».
Aprovechó sus paseos por el entorno de la calle Progreso y de su querida Cardenal Quiroga casi hasta el final, arropado siempre por los suyos, que ayer le dieron el último adiós.