El colegio Santo Ángel cumple cien años de vida: «Acogemos a todo el que llega»
OURENSE CIUDAD
El centro de O Couto echa la vista atrás después de un siglo de trayectoria. Aseguran, en plena celebración, que siguen estando en el barrio para ayudar
06 mar 2026 . Actualizado a las 05:00 h.«Quería agradeceros a todos por participar. Gracias por haber vivido con tanta armonía y con tanto entusiasmo esta celebración. Llevad esta bendición que vais a recibir en vuestros corazones a vuestro colegio, Santo Ángel, que está de aniversario. Un siglo, cien años», proclamó el obispo de Ourense, Leonardo Lemos, a las decenas de personas aglomeradas dentro de la parroquia de Fátima, en el barrio de O Couto. Delante de él, como si fueran a acatar la orden, grupos de niños vestidos con un uniforme azul se preparan, agarrados de las manos, para salir del recinto. Dentro, docentes y familiares aprovechan para saludarse, hablar y tomar fotos. Es un día importante.
Hace más de un siglo, en aquel mismo barrio, la marquesa de Atalaya y Bermeja y condesa del valle de Oselle, Ángela Santamarina Alduncin —conocida en la ciudad como Angelita Varela—, creó en 1925 una obra benéfica con el objetivo de acoger, cuidar y educar a niñas huérfanas de forma gratuita. Con la ayuda del patrocinio del Santo Ángel, mandó crear un edificio en el distrito obrero y, para poder perpetuar el legado tras su muerte, fundó el Patronato Fundación Santamarina de Temes. La propia Varela reconoció en aquel tiempo el trabajo de las Hijas de la Divina Pastora por el colegio que regentaban en Monforte de Lemos y les confió el cuidado de las huérfanas. Años más tarde, en 1967, la fundación y las religiosas apostaron por la creación de un colegio que terminó por inaugurarse en 1971 y se concedió la dirección, administración y funcionamiento al Instituto Calasancio de Hijas de la Divina Pastora. Y hasta ahora.
Las piezas del engranaje
Mientras la eucaristía llega a su fin —una de las muchas actividades que, entre conferencias, actos y reuniones, componen la celebración del aniversario—, Eva Castro y Patricia Varandela, presidenta y secretaria del AMPA, respectivamente, aprovechan para hablar del papel de las familias en la actualidad bajo el pórtico de la iglesia. «Lleva a en el colegio 50 años. Las familias son parte de él desde siempre y siempre ha habido colaboración. En los últimos tiempos hemos pasado muchas fases, hasta una pandemia, pero seguimos aquí intentando dar la cara siempre que se pueda», explica Castro, hija de antiguos alumnos. «Nosotros, los familiares, tenemos que participar más en la educación aunque a veces sea difícil. Por eso, desde el AMPA seguimos intentando que cada día se puedan hacer más iniciativas», resume.
Ambas, según explican, representan una dinámica en la que «todo queda en casa» y esperan que perdure con el paso del tiempo. «Mis padres estudiaron aquí y ahora lo hacen mis hijas. Formamos parte del barrio desde siempre, como muchos de los profesores. Está todo muy arraigado y es algo que tenemos en cuenta a la hora de desarrollar nuestras actividades», dice.
Mientras, en la capilla, todo el mundo busca a la madre Manuela. La superiora de la comunidad está emocionada. Está de celebración. «Soy calasancia. Nuestro carisma siempre ha sido el de una apertura a todos. Acogemos a todo el que llega, sea cual sea su clase y condición», comenta, pequeña, mirando por encima de sus gafas. «Tenemos el objetivo de mantener el número de becas al que se comprometió la congregación desde el principio. Ahora es un colegio innovador, pero mantenemos nuestra esencia», comenta en relación a un futuro próximo.
Inés Vázquez, directora pedagógica, no deja de sonreír. «Llevamos celebrando el aniversario desde principio de curso. Empezamos plantando un árbol y enterramos una caja llena de nombres de alumnos para desenterrarla y abrirla dentro de 50 años», explica. Aquellos nombres aglutinan a los estudiantes de las más de veinte nacionalidades que acoge el centro. «Todo el mundo es bienvenido aquí. Innovamos y, a la vez, nos preocupamos por establecer un ambiente familiar. Llamamos por su nombre a todos nuestros alumnos», concluye.