Así actuaba la banda que asaltó varias iglesias de Ourense durante el año 2022: tres de ellos asaltaban los templos y el cuarto vendía el botín
OURENSE CIUDAD
La Fiscalía pide penas que van desde doce meses a cinco años de cárcel para los sospechosos por delitos de robo y receptación
25 feb 2026 . Actualizado a las 05:00 h.La oleada de robos en iglesias que se registró en la provincia durante el año 2022 llega por fin a juicio. En unos días se sentarán en el banquillo de acusados de la Audiencia Provincial de Ourense cuatro sospechosos a los que se atribuyen cargos de robo con fuerza y receptación que podrían costarles penas de prisión que van desde los doce meses hasta los cinco años. Todos ellos fueron capturados en las operaciones Cinquecento y Templo Sagrado, desarrolladas por la Guardia Civil a finales de aquel año en las provincias de Ourense y Pontevedra, ya que ambas se vieron afectadas por los asaltos en lugares sagrados. Eso sí, judicialmente el caso ha quedado dividido en dos partes y en el banquillo del alto tribunal ourensano solo se sentarán los acusados de seis asaltos en templos de la provincia.
La pena más alta, de cinco años de privación de libertad, es la que solicita la Fiscalía de Ourense para Jacobo J. R., un sospechoso con un amplio historial delictivo a sus espaldas al que se sitúa como el líder del grupo. A este delincuente se le atribuye el robo registrado el 13 de febrero del 2022 en la iglesia de Salamonde, en San Amaro. Se cree que tras violentar la puerta del templo y colarse en el interior, se apropió de seis imágenes de santos, tres petos, un cáliz y una cruz parroquial.
El 9 de marzo este mismo sospechoso habría vuelto a actuar, esta vez en el templo de Santa María de Vilela, en Punxín. De nuevo, habría utilizado la fuerza para forzar la puerta de acceso, llevándose del interior un sagrario, dos cálices, una imagen de un santo y una paterna.
Sitúan los investigadores, y con ellos la fiscalía, en el 15 de julio del 2022 el tercer delito atribuido al presunto cabecilla del grupo, quien en esa ocasión habría contado con el apoyo de su novia, Yasmine G. j. Ambos de habría dirigido a la iglesia de San Cibrao de Las, forzando la entrada de la casa rectoral, que en aquellas fechas se encontraba deshabitada. Perforaron el depósito de gasoil y se llevaron el contenido. Esa misma madrugada se desplazaron también hasta el templo de Astureses, en Boborás, donde intentaron acceder por la fuerza al santuario, sin lograrlo. Optaron por marcharse y esperar unos días para volver a actuar.
El 24 de agosto, a la una y media de la madrugada, el cabecilla de la trama decidió contar con la colaboración de su hermano, Alexandre J. R., para cometer otro delito. Así lo indica el escrito de acusación, según el cual ambos acudieron a la iglesia de San Cibrao de Las, de nuevo con la intención de llevarse combustible de la casa rectoral. Hicieron una perforación en el depósito y se llevaron gasoil, acudiendo a continuación al lugar de As Lámparas, en Sagra, donde entraron en una vivienda y se llevaron herramientas de zapatero y objetos de metal. Intentaron además robar en otra vivienda contigua, pero aunque lograron colarse, finalmente no consta que se llevaran nada.
El último robo que se atribuye a los encausados habría tenido lugar en torno a la una de la madrugada del 7 de septiembre del 2022. Jacobo J. R. acudió, presuntamente, a la iglesia de Santa Baia de Reádegos, en O Irixo, y tras forzar la entrada se llevó una imagen de San Antonio y otra del niño Jesús. Además, cogió un sagrario de madera y dos cálices, entre otros objetos.
La investigación realizada por los especialistas en delitos contra el patrimonio del instituto armado permitieron descubrir la participación de un cuarto sospechoso, que habría vendido varios de los objetos robados en las iglesias. Hay constancia de que el botín sustraído en la iglesia de San Amaro acabó en un negocio de compraventa de oro de O Carballiño a la que acudió Ángel J. F. con 31 trozos de plata que pesaban más de dos kilos. Logró por ellos la irrisoria cantidad de 350 euros.
Otras de las reliquias robadas fueron recuperadas. Fue el caso de la talla de San Antonio del templo de O Irixo, una imagen del siglo XVIII a la que se atribuye un gran valor histórico y artístico.